Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS APÓSTOLES

May 15 de 2018

REUNIDOS CON MARÍA EN EL CENÁCULO

En medio de los Apóstoles,
con tu poderosa intercesión
imploras la prometida irrupción
del Espíritu Santo, Por la cual fueron transformados débiles hombres
y se indica a la Iglesia la ruta de victoria.
abre nuestras almas al Espíritu de Dios,
y que Él nuevamente arrebate
al mundo desde sus cimientos.
Padre José Kentenich (Hacia el Padre 353)

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.

María es la llena de gracia y la llena del Espíritu Santo. Gratuitamente Dios fijó su mirada en ella y la escogió como Madre de su Hijo. Por eso, la preparó, la preservó del pecado, la llenó de toda clase de virtudes. En la Anunciación la cubrió el Espíritu Santo y ese mismo Espíritu permanecerá siempre con ella, de forma que de modo que donde está una se puede encontrar también al otro.

María, llena de la unción del Espíritu, lleva a otros su presencia: con ella van el toque amoroso y el poder de Dios. Basto su saludo, bastó que ingresase a la casa de Isabel, para que irrumpiera en ella el Espíritu. Si los pañuelos de Pedro y la sombra de Pedro llevaban la unción del Señor, ¡:cuánto más María Santísima, que encerraba en su seno al mismo Dios!

En Caná de Galilea, cuando el Señor Jesús -movido por el Espíritu- obró su primer milagro, estaba allí la Madre. Más aún, fue ella quien le arrancó a Jesús ese milagro, quien consiguió con su inmensa delicadeza que adelantase su hora y socorriera la necesidad del nuevo matrimonio. Y, en realidad, de alguna manera, fue el propio Espíritu el que le indicó a Jesús, mediante ese humilde gesto de María, que era momento de comenzar.

Y en Pentecostés, cuando nace la Iglesia, también vemos a María, en medio de los discípulos, orando en espera de la venida del Espíritu. También ella estalló en alabanzas. También ella habló en lenguas.

Ella no solo quedó llena del Espíritu de forma pasiva, cooperó siempre con él, de modo que el fuego que recibió fue avivado constantemente. ¿De qué manera lo hizo? Haciendo siempre la voluntad de Dios. Dijo sí a la propuesta que le trajo el ángel. De hecho, al aceptar expresó lo que era su norma de vida, su disposición interior frente al Padre: "Yo soy la esclava del Señor". El Señor puede hacer lo quiera conmigo, tiene derecho de vida y de muerte sobre mí, yo le pertenezco. Él mismo sentido encontramos en el consejo que les da a los servidores de Caná, y que nos da también a nosotros: "Hagan lo que él les diga".

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N° 136 del 18 de junio al 18 de agosto de 2018

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