Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

CUANDO RECIBIMOS AMOR ES MAS FACIL DAR AMOR

March 16 de 2018

PRIMERA  PARTE:

El amor nos hace más capaces para el bien. Cuando recibimos odio es muy difícil responder con amor. Sé que es posible para Dios porque Él lo puede todo. Pero es cierto que cuando recibimos amor es más fácil dar amor como respuesta.

El odio hace mucho daño. Al que lo siente. Al que lo recibe. El odio es devastador. Nos saca de nuestra verdad. Nos hace peores de lo que somos. El otro día leía: «Hay una cierta satisfacción que procede del odio. Odias, odias, odias y piensas que te sientes mejor por odiar. Pero es una mentira. El odio destruye. Pero no el objeto de tu odio. Te destruye a ti mismo. El odio es una decisión personal». Cuando odiamos nos destruimos a nosotros mismos. No destruimos lo que odiamos. Ese sentimiento debería estar lejos del corazón. Pero no es tan sencillo.

Cómo se puede entender esa contradicción? Entregar amor y recibir odio. Entregar paz y recibir guerra. Entregar la vida sirviendo y recibir la muerte. ¿Puede ser que alguien sea capaz de servir sólo por amor, sin esperar nada a cambio? Sí. Hay personas que están dispuestas a ayudar a los más necesitados sin recibir dinero a cambio. Sólo por amor a Dios. La caridad es un don en el alma, es servicio silencioso es como el de María. Me conmueve. Un silencio blanco y azul. Lleno de miradas y gestos silenciosos.

Tal vez no es noticia servir con  amor, como tampoco lo fue la muerte de Jesús en la cruz. Tampoco fue relevante en el Calvario. Uno más de los muchos crucificados

Me cuesta entender esta escena. Jesús acaba de hacer algunos milagros. Se acerca a Jerusalén. Quiere entrar subido en un pollino. La gente lo ve y le aclama con ramos y con sus mantos. La Semana Santa empieza siempre con esta entrada festiva. Todos nos alegramos con los ramos en las manos. Esta fue su última Pascua. Fue la última vez y quiso entrar de una forma diferente. La gente se alegra hoy al ver a Jesús, su rey, montado en un pollino. Se cumple lo que decía Zacarías 9,9: «Regocíjate hija de Sion. He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna». La profecía se hace realidad en su carne. Con su entrada triunfal parece que viene a devolver la libertad a un pueblo cautivo. Como si se tratara de un nuevo emperador que llegara con sus tropas a conquistar la nueva tierra vencida. Me impresiona este momento de fiesta al comienzo de su muerte. Este instante de alegría desbordante, de pasión ante la vida de un hombre que está a punto de morir. ¿Qué habría en el corazón de Jesús ese mismo día? ¿Qué sentimientos? ¿Qué miedos? Me gustaría asomarme a su alma a las puertas de Jerusalén. Caminar a su lado, colocando mi manto a sus pies. Me gustaría escuchar sus silencios y notar el latido de su corazón expectante. ¿Cuál era el querer de Dios ese día en que tantos lo aclamaban? ¿Qué pensarían sus discípulos felices de verlo caminar aclamado por las masas y cumpliendo las Escrituras? Tal vez en ese momento estarían vencidos sus miedos. Se animarían al pensar que todos lo seguían, lo querían y nadie se atrevería a hacerle daño. ¿Por qué había que temer? Jesús iba a imponer su reino de verdad y justicia, de libertad y de amor.

 En la humildad de su obediencia me siento muy cerca de Jesús. Tal vez su fracaso humano me recuerda que yo también estoy hecho de barro y caigo. Su fracaso me acerca a Él y a todos los momentos de desaliento de mi vida, a todos mis proyectos frustrados. Cuando no sale todo como yo quería y sólo me queda obedecer. Cuando no decido yo. Cuando no soy yo el que lleva las riendas de mi vida. Jesús se deja llevar en ese fracaso que Él no había deseado. Ha entregado la vida. Ha servido con amor a todos. Se ha entregado hasta el final. Pero no le han comprendido ni han tomado sus palabras en sus vidas. No han acogido tanto amor. No han comprendido que su vida era una ofrenda de amor del Padre.

Lo han rechazado porque su vida era molesta. La vida del justo incomoda al injusto. La vida del que ama incomoda al que odia. Su fracaso es el fracaso del amor rechazado.

 Jesús obedece. Se deja hacer. Confía. Cree contra toda esperanza. Se abandona en los brazos de su Padre. Decía el P. Kentenich: «El heroísmo de la infancia espiritual o bien, la genialidad de la ingenuidad. Necesitamos una extraordinaria genialidad para madurar interiormente y sortear las dificultades que se nos presenten. Sólo un salto mortal en los brazos de Dios nos podrá salvar».Igual que hizo toda su vida desde que nació en Belén, vuelve a confiar. Siempre se dejó hacer. El hijo obediente hasta la muerte.

Me conmueven hoy las palabras de Jesús:

«Encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. El Señor lo necesita»

 me gusta pensar que Dios me manda a buscar. Quiere estar conmigo. Conoce mi pecado. Ha visto mi debilidad y me ama. Yo soy ese borrico en el que quiere ir. Conoce mis límites y me elige. Sabe cómo soy y me quiere. Quiere entrar montado sobre mí Por esa puerta santa por la que sólo puedo entrar si lo llevo a Él sobre mi espalda, en mi corazón, en mis palabras. Eso me da esperanza Hoy Jesús recibe la alabanza de los sencillos, de los que sueñan, de los que creen.

El otro día una frase me dio qué pensar: «No dejes nunca de creer». Yo a veces dudo, desconfío, pierdo la esperanza. Hoy es el día de los que creen en los imposibles. Jesús no detiene ese brote de esperanza. No interrumpe a los que lo aclaman. Esa alegría parece fuera de lugar, pero no lo está. Jesús la acepta. Es un gesto de cariño inmenso. El agradecimiento de tantos a los que había dado una esperanza y los había hecho más capaces de creer

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