Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

CONFIO EN DIOS, CONFIO EN MARIA ES LA ACTITUD DELA CUARESMA

February 28 de 2018

O son preguntas que no tienen una respuesta clara. O preguntas cuya respuesta temo escuchar. ¿Voy a salir de esta situación de dolor? ¿Va a acabar algún día el sufrimiento? ¿Cuándo encontraré la felicidad que busco? ¿Me voy a curar? ¿Seré fiel siempre? ¿Me vas a dejar? ¿Podré volver a confiar y ser feliz? Son preguntas que surgen en el corazón herido en medio de las luchas. Los miedos nublan el ánimo. Y la desconfianza surge con fuerza. No lo sé. Lo que sí sé es que en ocasiones siento que todo se torna gris, o pierde vida de pronto. Y dejo de creer en las eternas promesas. Comenta el cartujo Agustín Guillerand: «No debemos tener miedo ni de nosotros mismos ni de los demás. Hay que mirar la vida real cara a cara. Esa mirada profunda y prolongada nos dará a Dios. Porque Dios está en el fondo de todo». Quisiera mirar así la vida real. Cara a cara. Mirarme así a mí mismo, mirar así a los demás. Sin miedo a lo que pueda ocurrir. Sin temer lo que pueda pasar. Me gustaría mirar la vida como la miraba María. Desde aquel primer «No temas» del Ángel, María aprende a confiar. Comenta Benedicto XVI: «¡Cuántas veces habrá vuelto interiormente María al momento en que el ángel de Dios le había hablado! ¡Cuántas veces habrá escuchado y meditado aquel saludo: ‘Alégrate, llena de gracia’, y sobre la palabra tranquilizadora: ‘No temas’ . María guarda todo meditándolo en su corazón.. Desde mi dolor miro a María. Me gustan las palabras del P. Kentenich que me motivan al recorrer estos cuarenta días de desierto, de búsqueda, de miedos y de esperanzas: «De ahora en adelante daremos en todas partes el siguiente testimonio: - Somos de María. Quien dice María dice disposición al sacrificio: -Estaba María al pie de la cruz». Miro a María y pienso en su actitud interior. Llena de gracia. Sin temor. Confiada. Dispuesta al sacrificio. María se sabe arropada por Dios en lo más hondo de su corazón de hija. Allí todo lo medita en silencio. Lo guarda con celo. Así sí es posible mirar la cruz con paz, con el corazón en calma. En medio de la tormenta. Las preguntas imposibles siguen sin respuesta. Pero al menos ahora no quiero saberlas. Porque confío. Dejan de asustar mi corazón de hijo. Y guardo en el alma la respuesta que siempre me conforta: Dios no me deja. No se baja de mi barca. No se aleja de mi camino. Me sostiene cargando mi madero, mi cruz, como mi cireneo. ¿Por qué voy a tener yo miedo si Jesús va conmigo? Miro a María y confío. ¿Qué misión puede haber más grande que la suya? Me da paz mirarla a Ella en medio de mis olas,. « recogida en su interior. Guardando todas las palabras. Allí me recojo también yo buscando consuelo, paz y descanso. Escucho muy quedo la voz de Dios hecha en mí palabra. No quiero buscar respuestas a preguntas que dejan de tener sentido. No quiero sujetar yo el timón marcando una ruta que desconozco. Espero en Dios. Espero en María. Es la actitud de la cuaresma.

Confío. Frente a mis miedos. Confío.

Cuando no me siento abrazado. En mi soledad y ausencia de amor, desconfío. La confianza sólo crece en medio del amor, en medio de un abrazo. Un niño amado confía y se abandona. No cuestiona el amor del Padre que lo ama. Me gustaría ser siempre así. Un niño confiado. No quiero dudar nunca del amor de Dios. Ni tampoco del amor de los hombres

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