Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

MARIA NOS ENSEÑA COMO ACERCARNOS AL SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA

June 20 de 2017

Nadie como María puede enseñamos mejor como acercarnos a la Eucaristía. Este fue su gran sacramento, el único que Ella recibió del mismo modo que nosotros. Cada vez que recibía de manos de San Juan, ese Pan que era el Cuerpo de su Hijo, María tiene que haberse emocionado profundamente. Porque reconocía el mismo Pan que Ella, durante nueve meses, había preparado con amor en su seno. Porque sabía que era harina de su propio trigal. La Virgen había hecho su “Primera comunión” el día de la Anunciación. Una “Primera comunión” única, que se prolongó durante los nueve meses que Jesús habitó en su cuerpo. Después, cada vez que María comulgaba, revivía esos meses de profunda unión Espiritual y física con el Hijo que esperaba. Pidámosle por eso, a la Sma. Virgen que nos enseñe el modo de acercamos a la Eucaristía. Que nos ayude a revivir en nosotros su actitud de la Anunciación. Es decir, con un corazón pobre y puro, disponible, capaz de creer y de decir que sí, porque todo lo demás corre por cuenta del Señor, para quien nada es imposible.

La Eucaristía es la cumbre de la vida de la Iglesia y la corona de sus sacramentos. Es la gran Cena de agradecimiento de la familia cristiana, en que celebramos todos los dones recibidos del amor del Padre. Agradecemos, en primer lugar, por Cristo, por el milagro de su muerte y resurrección, que nos liberó del pecado y de la muerte. Agradecemos que Cristo nos hiciera hijos y hermanos. En la Eucaristía expresamos también nuestra unión familiar, comiendo el Pan y el Vino que son el Cuerpo y la Sangre del Señor. Con este gesto, la Iglesia manifiesta lo más profundo de sí misma: la íntima comunión de amor de los hombres, entre sí y con Dios, lograda en Cristo. Así la Eucaristía constituye un verdadero anticipo en esta tierra, de lo que será la vida de la Familia de Dios, una vez consumada en el Reino de los Cielos. Por eso la Eucaristía es la corona de todos los sacramentos. Ella es, el sacramento de la unidad de la iglesia: porque la expresa y la acrecienta. Quienes no estén viviendo esa unidad, no pueden acercarse a la mesa del Señor. Porque su gesto de compartir con Él y con los demás un mismo Pan, sería una mentira. Por eso San Pablo pide que cada uno se revise antes de comer del Pan y beber del Vino. Y el Señor nos dice que si alguien recuerda haber ofendido a un hermano, vaya primero a reconciliarse con él, y vuelva después al altar.

Porque la comunión no puede ser una comedia de hermandad, que celebramos el domingo, mientras durante la semana nos apuñalamos unos a otros con nuestro odio, nuestros rencores, nuestras injusticias.

Debe haber una continuidad entre vida diaria y Eucaristía. Al comulgar debemos expresar esa unidad que ya estamos viviendo, de algún modo en nuestro hogar, en nuestra vecindad. O por lo menos, debemos manifestar el sincero esfuerzo en que estamos empeñados, por construir un mundo donde haya más amor y unidad. Dios sabe que somos pecadores. Que estamos todos en camino, como el antiguo Israel. Desde este punto de vista, la Eucaristía es el banquete con que el Padre acoge y celebra a sus hijos pródigos. Banquete de perdón y reconciliación para los que humildemente confiesan sus traiciones, y retornan a pedir el Pan que puede ayudarlos, a ser más hijos y más hermanos.

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N° 133 del 18 de octubre al 18 de diciembre de 2017

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