Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

JESUCRISTO VIENE A NOSOTROS EN LA EUCARÍSTIA

April 06 de 2017

Ahora queremos descubrir la importancia, el valor incomparable de la Eucaristía y su eficacia en santificar nuestra vida. Queremos apropiarnos del verdadero sentido que ella tiene para que podamos decir convencidos: ¡Yo quiero ir a Misa!

Para definirla, queremos basarnos en las mismas palabras que Jesús utilizó cuando la instituyó en la Última Cena: Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. (Hagan esto en memoria mía.» Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes»). (Lc22,19-20).

Al escuchar estas palabras, recordamos inmediatamente la parte más importante de la Santa Misa: cuando Jesús se vuelve a ofrecer por nosotros al Padre Dios, de una manera incruenta. Él entrega su cuerpo y su sangre por nuestra redención. Por esto podemos decir que la Santa Misa es un memorial. Jesús nos ha dado el mandato en la víspera de su pasión: "haced esto en memoria mía" (1 Cor. 11,24-25).

En la Santa Misa celebramos el memorial del sacrificio de Cristo. Al hacerlo ofrecemos al Padre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en su propio Cuerpo y Sangre: así Cristo se hace real y misteriosamente presente.

Por lo tanto debemos considerar la Eucaristía:
• Como acción de gracias y alabanza al Padre.
• Como memorial del Sacrificio de Cristo y de su Cuerpo.
• Como presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu.

Nosotros también tenemos la oportunidad de unirnos en el Sí de Jesús con toda nuestra realidad y ofrecer cada Eucaristía como acción de gracias. ¿Por qué podemos agradecer? En primer lugar por el inmenso regalo de haber sido liberados, por el Sí de Cristo, de la muerte definitiva. Podemos pensar y agradecer por cada pecado que nos ha sido perdonado; por cada vivencia en que hemos experimentado la cercanía del cielo y que no sería posible sin la gracia que Jesús nos ganó en la cruz. Podemos agradecer por cada detalle de la vida diaria; por cosas más amplias como la salud, la inteligencia, el amor, la estabilidad económica, mis padres, mi familia, etc. Pero también podemos agradecer por el dolor, las dificultades, que me acercaron más a Dios. En fin, en Cristo, podemos devolverle todo al Padre como gratitud.

Mediante la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, Cristo se hace presente en este Sacramento... Así San Juan Crisóstomo (Padre de la Iglesia) declara: < >." "Junto con toda la tradición de la Iglesia, nosotros creemos que bajo las especies eucarísticas está realmente presente Jesús. Una presencia —como explicó muy claramente el Papa Pablo VI— que se llama «real» no por exclusión, como si las otras formas de presencia no fueran reales, sino por antonomasia, porque por medio de ella, Cristo se hace sustancialmente presente en la realidad de su cuerpo y de su sangre. Por esto la fe nos pide que, ante la Eucaristía, seamos conscientes de que estamos ante Cristo mismo. Precisamente su presencia da a los diversos aspectos —banquete, memorial de la Pascua, anticipación escatológica— un alcance que va mucho más allá del puro simbolismo. La Eucaristía es misterio de presencia, a través del que se realiza de modo supremo la promesa de Jesús de estar con nosotros hasta el final del mundo."

"Verdaderamente la Eucaristía es «mysterium fidei», misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe, como a menudo recuerdan los Padres de la Iglesia. «No veas –exhorta san Cirilo de Jerusalén- en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque el Señor ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otra cosa »."
En cada Santa Misa, Dios se hace realmente presente en el altar. Ahí está Él con todo su ser y su divinidad; el Rey de Reyes yace ante mí. ¡Qué misterio! Por eso debemos implorar fervientemente al Espíritu Santo para que aumente nuestra fe en este misterio y pueda vivir cada Santa Misa, con la conciencia y actitud de estar frente a Dios.
Nuestro Padre y Fundador, en el libro "Vivir la Misa todo el día" nos dice:

"En primer lugar, la Misa significa la reactualización del Sacrificio de la Cruz de Cristo. Entendamos claramente lo que esto significa: reactualización. No es sólo recordarlo, una representación gráfica; aunque es también una representación gráfica, pero al mismo tiempo es una reactualización real, práctica, verdadera. Es casi como si ahora, de pronto, aquí durante la Misa, el altar fuese el Gólgota. Pero aquí se realiza en forma incruenta, lo que se realizó en forma cruenta allí en el Gólgota. Entonces la Misa es, en primer lugar, renovación real, renovación mística del sacrificio de la Cruz de Cristo."
Desde este punto de vista, todo dolor humano tiene un valor redentor porque lo puedo unir al sacrificio de Cristo, que se reactualiza en cada Santa Misa. Cada dolor que me aflige, hasta el más pequeño, ya sea físico o espiritual, unido, en cada Eucaristía, al valor y muerte de Jesús en la Cruz, se transforma en colaboración a esa redención ganada por Cristo en la Cruz, en ayuda para la mediación de todas las gracias que Cristo quiere regalar.

La ofrenda de Cristo se une no sólo a los miembros que están aquí todavía abajo, sino también a los que están ya en la gloria del cielo: La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico en comunión con la santísima Virgen María y haciendo memoria de ella así como de todos los santos y santas. En la Eucaristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida a la ofrenda y a la intercesión de Cristo".

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