Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

ARRODILLADOS FRENTE A BELEN ENTREGANDO TODO

December 13 de 2016

«No tenemos una vida perfecta, una vida soñada. Tenemos una vida llena de debilidades y grandezas. De logros y fracasos. Una vida pobre. Una vida digna del amor de Dios.
Me conmueve siempre arrodillarme ante el Belén esta noche santa. Dejar a un lado todo lo que me pesa, lo que me agobia, lo que me inquieta. La bolsa pesada que cargo en mi espalda. Dejar de lado mis agobios y mis miedos. ¿De qué me sirven

. Es verdad. De poco sirve preocuparnos,  agobiarnos por la vida, sufrir por lo que no ha sucedido. Sirve de poco, es verdad, pero no  dejamos de hacerlo. Nos agobiamos, nos preocupamos. Pretendemos calcular los días que nos  quedan, cuando Dios ya los tiene contados. No sirve de nada perder el tiempo y la energía  temiendo posibles resultados negativos. Agobiarnos por no poder solucionar todos los problemas que surgen. Por eso me gusta llegar al Belén y entregar lo poco que tengo, como los pastores,  como los Reyes. Entregar mis temores y agobios para quedar más libre, más ligero de peso,  más feliz. Dárselos a Jesús y decirle que mi vida está en sus manos, que es suya. Que si Él me  toma en sus brazos nada temo. Como una barca mecida por las olas del océano que sólo espera que se calmen las aguas y confía. Por eso me gusta arrodillarme ante el Belén, volver a dejarlo  todo, volver a confiar. Saber que en el Belén me siento en casa y confío de nuevo. Descanso y me sé amado. Me gustaría que, al llegar a esta noche, mi corazón estuviera lleno de ni  agradecimiento por mi vida. Por lo que Dios me entrega y hace conmigo. Por lo que me ha  regalado en este año. Por las conquistas que ha logrado en mí. Quiero repetir las palabras de  una oración del P. Kentenich: «Gracias por todo, Madre, todo te lo agradezco de corazón y  quiero atarme a ti con un amor entrañable. ¡Qué hubiera sido de nosotros sin ti, sin tu cuidado  maternal! Gracias porque nos salvaste en grandes necesidades. Gracias porque con amor fiel  nos encadenaste a ti. Quiero ofrecerte eterna gratitud y consagrarme a ti con indiviso amor».

Quisiera saber agradecer. Se me olvida tantas veces. Me quedo en lo que no tengo, en lo que
me falta, en lo que no sucede. Miro mi vida y pienso antes en lo que podía ser mejor que en lo
que tengo. Pienso en lo que no controlo, en lo que yo no decido, y me da miedo. Por eso tal vez  no sé agradecer con facilidad por el amor de los que me aman y el reconocimiento de los que  me reconocen. No sé valorar las pequeñas ganancias en las grandes pérdidas. Antes bien me  fijo en el desamor de los que me ignoran y en el desprecio de los que no me aprecian. ¡Cuánto  me cuesta ser agradecido! Tal vez me falta práctica. ¡Con cuánta frecuencia vivimos quejándonos de lo que no tenemos! No nos ha tocado la lotería. No nos han dado tantos regalos  como deseábamos. No hemos logrado todas las metas que soñábamos. No nos admiran todos,  ni todos nos quieren. No hemos comprado la casa soñada ni tenemos el mejor coche. No nos  quieren tanto como quisiéramos nosotros. Ni tanto como creemos que nosotros amamos y  merecemos. Nos cuesta agradecer con un corazón de niño por lo que la vida nos da sin pedirnos nada. Sin exigir más de lo que tenemos. Nos gustaría vivir relajados sin temer tanto el futuro.

Postrarnos ante el Belén y agradecer por nuestra vida imperfecta, llena de defectos. Decía el
Papa Francisco: «No existe familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos,  no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas unos de  otros. Nos decepcionamos los unos a los otros. Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable  ni familia saludable sin el ejercicio del perdón. La familia tiene que ser un lugar de vida y no de  muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad». Me  gusta esa mirada sobre mi vida en Navidad, sobre mi familia, sobre mi mundo. No tenemos una  vida perfecta, esa vida soñada que esperábamos. Tenemos una vida llena de debilidades y  grandezas. De logros y fracasos. Una vida pobre. Pero una vida digna del amor de Dios. Por  eso, al mirar mi vida, quiero hacerlo conmovido, agradecido, alegre. Sin quejas, sin tristeza. Porque soy valioso a los ojos de Dios. Quiero tener un corazón agradecido. Sé que es un  milagro, porque mi corazón exige y demanda. Necesito comprender que todo es don, que nada  es un derecho. Entrego el corazón vacío. Necesitado, pobre y abierto siempre para  Dios.

FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2017

Boletínes

N° 136 del 18 de abril al 18 de junio de 2018

Shoenstatt

Video

Galeria de Fotos

Publicaciones Anteriores