Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

En Adviento: abiertos al Padre

November 23 de 2016

Entramos en Adviento. Es un tiempo especial de gracias en el que nos preparamos otra vez a la venida del Redentor. En medio de la alegría del Adviento experimentamos, sin embargo, que precisamente en este tiempo lo aparente puede distraernos de lo esencial. Nuestro papa Emérito descubre en ello una enfermedad de nuestro tiempo:

“Existe una dureza de oído con respecto a Dios, y la sufrimos especialmente en nuestro tiempo. Nosotros, simplemente, ya no logramos escucharlo; son demasiadas las frecuencias diversas que ocupan nuestros oídos. ... Con la dureza de oído, o incluso la sordera, con respecto a Dios, naturalmente perdemos también nuestra capacidad de hablar con él o a él. Sin embargo, de este modo nos falta una percepción decisiva. Nuestros sentidos interiores corren el peligro de atrofiarse. ... Nosotros, aquí reunidos, pedimos al Señor con todo nuestro corazón ... que cure nuestra dureza de oído con respecto a Dios, a su acción y a su palabra, y que nos haga capaces de ver y de escuchar.” (Papa Benedicto XVI,)

María Santísima no sufrió una tal dureza de oído frente a Dios. Sin ruidos secundarios y totalmente abierta para Dios y sus más leves deseos, camina por su Adviento. Es la gran Oyente que reconoce en el mensaje del ángel la voz del Padre, pronunciando su Fiat y poniéndose en camino para ayudar a Isabel. Su estar abierta a Dios y lo divino le ha costado sacrificios, sacrificios para el entendimiento, la voluntad y el corazón. Pero su amor fue siempre mayor. Fue una puerta abierta para el Padre, que profunda y ardientemente se orientaba únicamente en Dios Padre. Por decirlo así, este fue el primer regalo de Navidad que recibió el Señor en su venida a este mundo en el corazón de su Madre, tanto en su encarnación en su seno como en su nacimiento en Belén. Nuestro Padre José Kentenich presenta esto de una forma muy hermosa:

“¿Qué le regala la Madre de Dios al Niño, al Niño en su seno? Una atmósfera extraordinariamente patrocéntrica. Le regala al Niño una representación permanente del eterno Padre Dios en el alma de la querida Madre de Dios.

¿Y qué atmósfera rodea al Niño recién nacido? Un simple establo. ... Una atmósfera totalmente pobre, humilde. Debía ser así para que, en torno al Señor, ondeara el amor maternal cálido que estaba encendido en el fuego del amor del Padre. Por eso, una vez más: ¿qué le regaló la Madre de Dios? ¡Fuera con todo lo terreno, toda la pompa terrena, las comodidades terrenas! Al Niño lo debía rodear una única atmósfera cálida y a la vez, pobre, sencilla”.

Un gran anhelo urgía y marcó a la Madre de Dios en su Adviento: vivir enteramente con el Padre, estar abierta únicamente para Él. Y así colabora a que se realice el Milagro de la Nochebuena.

En la historia de Schoenstatt el adviento y Navidad de 1941: En una situación humanamente aplastante y en condiciones muy sencillas, este tiempo de anhelo y expectativa por la liberación del Padre Kentenich  de la cárcel, se convirtió en una profunda vivencia de gracias en la Familia. El Padre y los hijos estaban abiertos para lo divino. Nuestro Padre interpretó con fe en la Divina Providencia la carta al Niño Jesús, que el amor de Dios le envió a la cárcel. En esa misma hora dio una respuesta de amor para la Familia. Su apertura y la de las hijas a lo divino, nos regaló el Jardín de María. Desde entonces una profunda comunidad de destinos entre él y nosotros marca la vida de la Familia.

Nuestro Padre busca hijos que se olviden de sí mismos y que se orienten totalmente en el Padre. Solo de este modo puede volver a suceder el “Milagro de la Nochebuena”. Le pedimos a María Santísima que en este Adviento, como Ella, estemos abiertos al Padre.

“Apertura al Padre. ¿Qué quiere decir esto? Estoy abierto a los más leves deseos de Dios Padre. ... Me abro a los deseos de Dios Padre, aun cuando estos deseos me sean comunicados a través de causas segundas.”

El Señor quiere nacer renovadamente en el corazón de muchas personas. Esto puede despertar nuestra alegría y gratitud. Con la Mater preparemos un clima del Padre para que el Milagro de la Nochebuena pueda hacerse nuevamente realidad en nosotros, en la Iglesia y el mundo.

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