Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

5ª. PARTE LAS ESTRELLAS DE LA PEDAGOGIA DE SHOENSTATT

August 25 de 2016

4. Pedagogía de Confianza

La fe, en lo bueno de toda persona,  despierta mutua confianza, base de cualquier educación. Decía el P. Kentenich: “Es un arte superar en nosotros el escarabajo estercolero  cultivar la abeja”. Se trata de ver lo más positivo, lo valioso del otro antes de quedarnos en lo negativo, en lo que no nos gusta. Esto tenemos que aplicarlo en primer lugar a nuestra vida. Con mucha frecuencia nos quedamos en nuestros errores y caídas y nos cuesta confiar en nosotros mismos, en lo que podemos llegar a dar. Conocernos en nuestra debilidad y grandeza, aceptarnos en nuestros límites y confiar en lo que Dios puede llegar a hacer con nuestras vidas es el camino. El Padre la define con estas palabras: “La pedagogía de la confianza acentúa aquello que surge por sí mismo y el crecimiento que se da a partir de leyes   y  constantes inmanentes al educando. De este modo se da la conducción por parte de la Providencia Divina” .

Está claro que la confianza pasa por aceptar en el otro aquello que no nos gusta. Además,  eso que no nos gusta, puede tener que ver con manifestaciones o reacciones que creíamos superadas en nosotros o en los demás. Sin embargo, tenemos que tener cuidado con sacudir con demasiada rapidez de nosotros y de los demás, manifestaciones de una infancia “primitiva”, todavía no madura. El Padre, cuando usa el término primitivo, lo hace en referencia a un estado de crecimiento necesario y que con el tiempo es superado. No hay una connotación tan negativa como la que la palabra nos despierta. Por eso, a partir de ahora, usaré en lugar de primitivo, el término inmaduro.

 Se trata del miedo a mostrar nuestra debilidad. El Padre Kentenich nos lo recuerda: “Al niño eterno, especialmente al “niño eterno femenino”, pertenece una eclosión periódicamente recurrente de lo primitivo (inmaduro). Cuando no es el caso se pierde lo más hermoso de la naturaleza femenina: lo emocional, lo no racional, el encanto. Una mujer que conserva siempre el sereno equilibrio es la más desequilibrada de todas. Una mujer que es siempre madura es la más inmadura de todas”. Esto se da en nuestra relación conyugal, entre adultos, pero cuántomás con los propios hijos. Por supuesto el Padre aclaraba que el lugar para que se den estasmanifestaciones tiene que ser el de la intimidad familiar. No vale en cualquier lugar. Peroes ahí donde tiene que reinar la confianza suficiente para que esto se pueda dar. Si no se daesto en nuestra vida familiar y todo es aparentemente perfecto, tenemos que empezar apreocuparnos, estamos viviendo en un excesivo formalismo, tapando desarrollos que sonnecesarios para un crecimiento sano de la vida.

La confianza origina una relación recíproca entre el educador y el educando. Tan pronto el educador demuestra al otro una confianza solícita, una fe inquebrantable en lo bueno de su alma, éste se le confiará. El Padre nos dejó un singular ejemplo de la pedagogía de la confianza. A pesar del pecado original, él creía en lo bueno de cada persona y alimentaba un optimismo pedagógico. Una actitud de confianza de parte del educador, despierta y desarrolla en el educando una cantidad de buenas actitudes y energías. Es fundamental no perder la confianza en los jóvenes. Eso puede ser difícil. Pero a pesar de las faltas y fallas, no debemos perder la fe en lo bueno de la juventud. Como  educadores debemos acostumbrarnos a juzgar benévolamente las muchas faltas y fallas de los jóvenes, de los propios hijos. Debemos comprender muchas dificultades de la juventud como consecuencia de su inmadurez. El educador debe ver todo, pero tiene que pasar mucho por alto. Eso sí: nunca debe perder las riendas de la mano.

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