Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

PEDAGOGIA DE IDEALES (Segunda parte)

August 04 de 2016

El ideal tiene que probar en la vida su fuerza formativa. El descubrimiento del ideal sólo es el primer paso, ha de quedar asegurada la aspiración a él. El ideal ha de despertar la vida del alma. Hay peligros que el P. Kentenich señala: “Podemos entregarnos a una elucubración mental, podemos arrastrar toda nuestra naturaleza entera a ideas artificiales que nos   impidan desplegar nuestro propio yo”. Puede ocurrir que elijamos como ideal lo que no brotade nuestra naturaleza en absoluto. Estamos ante una pedagogía del ideal personal y comunitario, que busca sacar a la luz la fuerza,  originalidad de cada alma.
El ideal formulado entra en sintonía con las fuerzas de nuestro interior. Se despierta la vida que hay en mí. Vivimos en un mundo tan secularizado que es necesario ponerle nombre a esas fuerzas, a esas fuentes interiores que nos permiten vivir. Cuando vivimos una atmósfera religiosa que aspira a grandes ideales, es más fácil lograr que salga lo mejor de nosotros. En esos ambientes privilegiados es posible vivir con facilidad aspirando a darlo todo. Como normalmente vivimos en una sociedad que no nos invita a lo más alto, es fundamental trabajar con los ideales personales y comunitarios. Hacemos consciente lo que nos da vida de forma subconsciente.
Una visión profundizada y siempre renovada del ideal lleva lentamente al ideal a ser “función”. La meta que queremos lograr es que el ideal sea la fuerza que impulsa desde el interior al alma a manifestarse. El ideal tiene que hacerse carne en nuestra vida. Para ello, los métodos ascéticos ofrecidos por Schoenstatt: propósito particular, horario espiritual, dirección espiritual, cuenta mensual, son una ayuda para ir creciendo en la realización del ideal al que somos llamados. Se trata de una “pedagogía de la identidad”, como la denomina el P. Kentenich: “En lugar de Ideal personal pueden decir: Forma de vida o núcleo de la personalidad que ha crecido de forma originariamente personal”. Tengo todo el derecho a ser distinto, original, tengo una misión que nadie puede llevar a cabo sino yo mismo. Mi forma original de ser, de darme, es un regalo para el mundo, para la Iglesia.
Dios nos ama de forma única y original. Nos ama en nuestros rasgos fundamentales, nos quiere con nuestras riquezas y fuerzas, no anulando lo que Él ha puesto como un tesoro en nuestro corazón.
Estos ideales de los que hablamos han de permanecer frescos y con vida en nuestro interior. No pueden quedarse en ideales propios de nuestra juventud.

Cada día confrontamos nuestra vida, nuestro rostro, con el ideal que ilumina nuestro camino. Cada día sabemos que Dios nos invita a no bajar los brazos, a seguir luchando. Decía el P. Kentenich: “El poder del ideal es impredecible. A una gota de agua no se le ve poder alguno. Pero cuando cae en la grieta de una roca y se convierte allí en hielo, parte la roca (...). Los ideales son ideas. Mientras sólo sean ideas pensadas, el poder que anida en ellas permanece inoperante aun cuando se las piense con el mayor entusiasmo y con la convicción más firme. Su poder sólo actuará cuando se una a ellas el modo de ser de un hombre acrisolado”. Para ello imploramos la fuerza de la gracia que puede realizar en nuestros corazones el ideal al que somos llamados. Nada nos puede quitar el idealismo, nada puede impedir que sigamos soñando, pese a los contratiempos de nuestra vida, los fracasos y decepciones, las desilusiones y caídas.

Dios nos levanta y nos vuelve a repetir al oído aquello para lo que hemos sido creados.
El ideal personal es la idea originaria que Dios ha tenido desde toda la eternidad de mi persona y de mi tarea”. Pero surge con frecuencia la pregunta: “¿Dónde podré y deberé estudiar esa idea?” La respuesta nos lleva a mirar nuestro corazón: “En mi disposición personal, en mis estructuras fundamentales naturales y sobrenaturales, en mis impulsos naturales y sobrenaturales. Es Dios, quien, en delicada adaptación a mi naturaleza, las ha depositado y fundado en mi”.
Para acabarcon esta definición de ideal personal que da el P. Kentenich.

En ella se muestra que ennuestra alma está la semilla de lo que podemos llegar a ser. ¡Qué importante es entoncespoder navegar en el interior de mi ser! Muchas veces no avanzamos porque no nosconocemos, porque no hacemos silencios, porque no ahondamos en lo más profundo delalma. No se trata de aplicar moldes, de querer imitar a otros. Se trata de dejar que nuestrafuerza original, lo que nos da vida, se haga carne en nosotros. No obstante, esta pedagogíadel ideal se da en relación con otras pedagogías, con otros acentos y aspectos, que esfundamental tener en cuenta y profundizar.

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