Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

COLOMBIA VIVE TIEMPOS DE ESPERANZA

July 06 de 2016

La Paz, es un signo de esperanza; caminemos hacia ella de la mano de La Santísima Virgen María. Que este 9 de julio sea un solo clamor por la paz de nuestro país; que todos lleguemos a ser agentes de paz en medio de nuestras comunidades. Schoenstatt que nació en tiempos de la guerra, hoy quiere ser para  Colombia un signo de esperanza; por eso poder vivir estos dos acontecimientos en la historia, nos comprometen a trabajar por la paz, dando lo más preciado para nosotros, como ofrenda para construirla.
“MATER NADA SIN TI, NADA SIN NOSOTROS”.

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ

Pio VIII  la declaró patrona de Colombia en 1829 y fue coronada canónicamente el 9 de julio de  1919.  “Así como hoy os coronamos en la tierra, así merezcamos ser coronados en el Cielo”. “Yo… pido humilde y respetuosamente a los Arzobispos y Obispos aquí congregados, que así como la República fue consagrada al Sacratísimo Corazón de Jesús, de la misma manera, se consagra solemne y públicamente, por voto nacional, a la Santísima Virgen, Reina de Colombia”.
María Ramos le decía a la Virgen: ¿Hasta cuándo, Rosa del cielo, habéis de estar tan escondida?. ¿Cuándo será el día en que os manifestéis y te dejéis ver al descubierto para que mis ojos se regalen en vuestra soberana hermosura, que llena de gusto y alegría mi alma?.
Miró Isabel hacia el altar de la capilla y vio que la imagen de Nuestra Señora estaba en el suelo, de pie y despedía una luz que llenaba de claridad toda la capilla. Llena de asombro dijo en alta voz a María Ramos, que iba saliendo del oratorio: “Mire, mire señora, que la Madre de Dios se ha bajado de su sitio y está en vuestro asiento y parece que se está quemando”
En 1815 las joyas que los peregrinos habían ofrecido a la Virgen se donaron para auxiliar a las tropas patriotas. Por eso te pedimos: Madre Del Rosario de Chiquinquira. Ruega por nosotros y por la paz de Colombia.

LA ORDENACIÓN SACERDOTAL  (1910)

Este texto nos cuenta sobre la ordenación sacerdotal del P. Kentenich
(Tomado del libro: Los años ocultos, pag. 245 – 252)
 Una vez concedida la admisión definitiva, el seminarista Kentenich realizó la profesión solemne el 24 de septiembre de 1909. El 10 de octubre de 1909 fue ordenado subdiácono y el 28 de marzo de 1910, diácono. De ese modo comenzó su preparación próxima a la ordenación sacerdotal.
En la lista de invitados a la ordenación que le envió su madre, J. Kentenich marcó las personas que desearía que participaran en ese solemne acontecimiento: Peter Josef Kentenich y su esposa, Franziska Kirsch con su familia, familia Greiss, familia de Heinrich Kentenich, de Brujas, los hermanos Sibilla y Hurbertus Blatzheim, de Gymnich, y sus hermanas: Christina Blatzheim de Schell y esposo, y Elisabeth Blatzheim de Schönau. Además J. Kentenich invitó a su prima, Katharina Peters de Holtermann, a su amigo de vacaciones de tantos años y primo e segundo grado, Peter Hesseler y al P. Savels, así como también a una Sra. Agnes de Colonia.
Mons. Heinrich Vieter lo ordenó sacerdote el 8 de julio de 1910, junto con otros siete confrates. Mons. Vieter había venido de Camerún a Europa para asistir al capítulo general. La ceremonia se llevó a cabo en la Casa de las Misiones de Limburgo. J. Kentenich había vivido desde su más tierna infancia para ese día.
Celebró su primera misa el 10 de julio en esa misma capilla, asistido por su Provincial, el P. Kolb. La homilía fue pronunciada por el P. Karl Stehr.
Para la estampita recordatoria  de su primera misa, J. Kentenich eligió la oración:
“Concede, Dios mío, que todos los espíritus se unan en la verdad y todos los corazones en el amor. Y más abajo: Sagrado corazón de Jesús en vos confío. Sagrado Corazón de María  sed la salvación mía”
Verdad y amor son los dos valores fundamentales por los cuales había luchado durante su tiempo de juventud y seminario. Halló la solución para todos esos años de duras luchas en la unión armónica entre ambos, en su mutua referencia. Esa unión armónica le fue regalada por la Sma. Virgen. Al contemplar su vida posterior, las palabras de su estampita de primera misa parecen un preludio. La verdad y el amor se convierten en fundamento de su vida y en las fuerzas que sostendrán su fundación. Las invocaciones que se leen en esa misma estampita se dirigen a dos personas cuya inseparable unidad proclamó J. Kentenich durante toda su vida: Jesús y María.

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N° 136 del 18 de junio al 18 de agosto de 2018

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