Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA

June 04 de 2016

¿Cómo es el corazón de Jesús?

El corazón de Jesús es ante todo, muy afectivo. Es todo bondad, compasión, cariño, benignidad, comprensión. No lo puede disimular. Se le escapa  el corazón ante los niños, ante la mujer en aquel entonces tan relegada en la sociedad, ante la pareja de los novios de Caná, ante sus discípulos, cuya compañía busca en medio de la angustia de Getsemaní. La manera como abre la Ultima Cena es conmovedora:
- ¡Con cuánta ilusión he deseado comer esta pascua con vosotros!
Y antes de salir para el Huerto les pide a los Doce, y en ellos a nosotros, como un mendigo suplicante:
- ¡Permaneced en mi amor!
Al mismo Judas le llama dolido, pero con toda sinceridad: ¡Amigo!...
Este amor tan apasionado de su corazón se vuelve divinamente celoso de la salvación nuestra. Se declara nuestro Pastor, un Pastor que conoce a cada una de sus ovejas y de las que dice que nadie se las arrebatará de la mano...

Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vacías, sino que se convierte en servicio, expresado en el gesto insólito de arrodillarse a los pies de los discípulos para lavárselos con sus pro-pias ma-nos...
El amor de Jesús tiene, igual que en nosotros y mucho más que en nosotros, una doble vertiente, a saber, a Dios su Padre y a nosotros los hombres.

A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno; si alguna preferencia tiene es precisamente con los más alejados, con los pecadores y con los pobres.
Es el suyo un amor generoso, complaciente, dulce y suave, magnánimo y tolerante.
Pero es también un amor que no le deja parar cuando se trata de nuestro bien, y toda su ternura y delicadeza se convierten en audacia, valentía y decisión que no le detienen ante ningún peligro.

Si miramos el amor de Jesús a Dios su Padre, vemos como al fin Dios ha conseguido el objetivo de toda la creación: verse amado como Dios se merece, porque este hombre, su Hijo, es capaz de darle con su hu-mildad y su obediencia todo el honor y toda la gloria que el primer hombre le arrebató con su orgullo y su rebeldía.
Se pasa horas y noches enteras en oración con Dios su Padre.
Se somete a su voluntad hasta aceptar el tormento de la cruz.
Se siente lleno de celo por su gloria y dice no tener más alimento que hacer la voluntad de su Padre Dios.
Este es el amante Jesús del Evangelio. El amor le llevará a la cruz, pero también se atraerá hacia Sí todos los corazones, tal como lo había anunciado:
- Cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré a mí.

EL CORAZÓN DE MARÍA.¿cómo es este corazón?

Es un corazón  puro, inmaculado, sin mancha, donde no existe el pecado.  Un corazón sencillo, humilde, como lo vemos en su actitud en la Anunciación, un corazón plenamente dispuesto para Dios “Hágase en mi según tu palabra”.   Un corazón atento a las necesidades de los demás, como lo vemos en Caná; un corazón que sabe guardar todo y meditarlo en la palabra de Dios, un corazón de Madre que no se cansa ni se detiene frente a su Hijo, que lo acompaña en todo instante hasta el pié de la Cruz; un corazón generoso y amplio donde todos los hijos de Dios tienen un espacio especial y propio.  Así podemos recorrer los Evangelios viendo las cualidades del corazón de la Mater.
La base que sustenta nuestra entrega es la convicción de fe que ella realmente es nuestra madre. No es una ficción de parte nuestra o una ilusión producto del anhelo. Partimos de una sólida base doctrinal: ella es nuestra madre, ella tiene corazón de madre; su amor de madre es mayor que el de todas las madres juntas que hayan existido o que existirán. Si el Señor la instituyó como tal, sería absolutamente impensable que ella no tuviese un corazón pleno de amor, de solicitud, de entrega y ternura materna para con nosotros. Sería enteramente imposible que ella no conociera en Dios a sus hijos o no pudiera hacer nada por nosotros. Un corazón humano, cálido, fiel como ninguno, en el cual se nos hace cercana la infinita fidelidad del Dios rico en misericordia. El corazón de María refleja el amor infinito de Cristo Jesús. En su corazón, Dios Padre ha volcado la inmensidad de su misericordia para que llegue a nosotros en su ternura maternal. En el sagrario de su corazón, el Espíritu Santo nos quiere encender y transmitir el fuego de su amor.
Ese es el corazón que nos regala María. Un corazón que contiene el cielo y que se expande por la tierra. Un corazón que nos abre al amor de Dios y al amor de los hombres, de las cosas, de todo lo que Dios ama.

Boletínes

N° 136 del 18 de abril al 18 de junio de 2018

Shoenstatt

Video

Galeria de Fotos

Publicaciones Anteriores