Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

«EL SEÑOR JESÚS SUBIÓ AL CIELO Y SE SENTÓ A LA DERECHA DE DIOS. ELLOS SE FUERON A PREGONAR EL EVANGELIO POR TODAS PARTES»

May 10 de 2016

 P. Carlos Padilla Esteban
Hoy vemos cómo Jesús asciende delante de los que lo aman y los anima con la esperanza del
Espíritu Santo: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo. Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista». Jesús se va y los deja solos. En estos días entre la resurrección y la ascensión, Jesús se ha ido apareciendo a cada uno. De alguna forma seguía estando, seguía llegando a ellos. Seguían con la intimidad de siempre. En esos días se sintieron amados. Y eso es lo que los apóstoles guardarían para siempre en sus corazones en la soledad que ahora experimentan al ver que los deja. Han comido juntos, les ha mostrado sus heridas, ha calmado sus miedos y les ha dado la paz. Cada tarde le esperaron. Hasta hoy. Ahora se va. Lo hace juntándolos a todos. Parece imposible vivir sin Él. Él siempre los protegió, los cuidó, les dijo dónde tenían que ir. Ellos se fiaron.
Ahora son ellos los que tienen que tomar decisiones. Yo tampoco quiero que se vaya. Cuando le siento cerca es un momento y tantas veces siento que el cielo está lejos. Le pido que venga. Y cuando llega que no se vaya nunca. Lo necesito en medio de mi vida. Quiero tocarle y mirar su rostro. Sentirlo a mi lado cuando no sé qué hacer. Verlo en mi barca cuando me pierdo en el mar, aunque duerma y tenga que despertarle. Necesitamos tocar, mirar, palpar, abrazar. Me cuesta siempre que se va. Hoy comprendo a los apóstoles. Tenían miedo. Regresaron a Jerusalén, se reunieron con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Se habían sentido amados por Jesús. Y ese amor les dio fuerzas para perdonarse y volver a empezar. Él los acompañará ahora de otra forma, sin límites, desde el cielo, desde la eucaristía. María los reúne, en la promesa. Empieza una etapa nueva. Comienzan a ayudarse entre ellos a creer, a recordar. Solos no pueden. Empieza el momento de buscar, de tantear por la vida en qué encrucijada está Dios, de confiar y abandonarse sin ver siempre. Como nosotros. Jesús no se va, está ahora más cerca que nunca, misteriosamente cerca.

Después de la ascensión comienza la misión que Jesús nos confía: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
Los discípulos creyeron, como nosotros hoy. Jesús coopera con ellos. Ellos primero dan el paso de salir a predicar, sin saber muy bien cómo. Jesús sale a su encuentro cooperando y confirmando su palabra. Ahora se necesitan mutuamente. Empieza la conciencia de instrumentos. Ellos en manos del Señor. Por eso no tienen miedo. Jesús ahora está dentro de ellos, más cerca que nunca. No les ha dejado. Ellos creen. Jesús siempre cumple sus promesas. Se han sentido amados por Él. Cada uno personalmente. La certeza de que Jesús los nombró, los eligió y los cuida, les da fuerzas para salir. Es la experiencia de su vida, el amor único de Jesús por cada uno. Se los demostró en vida y especialmente en este último tiempo de pascua. Aún así, cuesta su ausencia. A mí me cuesta. Me cuesta despedirme de los que amo, es un desgarro. Sólo Dios puede cambiar esa ruptura en inicio de un camino de esperanza.
Siempre pienso que cuando Jesús se fue los apóstoles se unieron más. Solos no pueden, porque sólo en la comunidad reciben fuerzas. Juntos recuerdan cómo es el amor de Jesús, cómo merece la pena contar que Dios nos ama tanto. Ojalá siempre tenga a alguien que me ayude a no quedarme parado mirando al cielo. Dios me espera en mi vida, en medio de los hombres y me habla desde lo cotidiano, en mi corazón. Le pido que me ayude a ser valiente y salir de mí para decir y hacer las palabras y los gestos de Jesús. Siempre tengo miedo de hablar demasiado de Jesús y no vivir como Él. Tengo miedo de reunirme mucho y hablar pero no vivir en su corazón en silencio. Le pido a Jesús que me ayude a ser como los apóstoles, que hablaban de Dios haciéndolo presente en signos de amor y misericordia. A pasar haciendo el bien como Él. A decir palabras de consuelo. Le entrego mi miedo a su ausencia, mi nostalgia por momentos vividos a su lado, mi esperanza de ensanchar mi corazón y hacerlo más grande para los demás, mi sueño de vivir buscando siempre sus pasos. Aunque, como los apóstoles, no siempre lo vea, aunque le eche de menos.

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