Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

EL BUEN PASTOR IDEAL DEL SACERDOTE

April 08 de 2016

En Cristo, es Dios quien le dice a su Pueblo: “Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él”. El Mesías es Dios Pastor, que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre, como sólo Él podría hacerlo. Es Dios encarnado, que las defiende del peligro, que las precede, las acompaña y las lleva a los mejores pastos, que las invita a seguirle con confiada seguridad, que da su vida por ellas, para que tengan vida y la tengan en abundancia. Conocedor de sus pobrezas y debilidades, como también de los talentos que su Padre les ha dado y de la misión que les entrega. Quien es llamado al diaconado y también al sacerdocio, nunca podrá olvidar que su vida y su servicio apostólico serán fecundos tan sólo si sabe escuchar la voz de Jesucristo que le habla, lo llama y lo conduce como Pastor. En su interior resuenan siempre las palabras del Señor: “No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os elegí”. Por eso, siempre la palabra del sacerdote provendrá de un corazón humilde y agradecido, porque está consciente de no haber tenido méritos ni grandezas propias, en los cuales el Señor podría haberse fijado para elegirlo.
La palabra que llama, y todo lo que emprende el Buen Pastor por sus ovejas, sale de su corazón, es expresión de su amor.
“Amamos a Dios, porque Él nos amó primero, ”es decir, si saben meditar y gustar, día a día, en todas las circunstancias de su existencia, la ternura y la fuerza del amor que Dios les tiene. Se manifiesta en los dones que Dios les ha dado, en la elección que ha hecho de ustedes, en las pruebas que han superado, en esa atmósfera de amor, de fe y de confianza que les regaló en la familia, en el colegio, y en la comunidad a la cual los llamó, en ese espacio interior que es el santuario, en el cual se encuentran con la paternidad de Dios, con la Virgen María y con todos los santos, como también con el envío y la gracia que los vivifica y los inspira. Sólo aquilatando y gustando día a día ese infinito amor, se enciende en nosotros la capacidad de amar a Dios y su santa voluntad por sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Nuestra alianza con Él y con los hombres es alianza de amor, porque nos vivifica el amor de su alianza con nosotros. Porque somos suyos, y tenemos la experiencia del amor del Buen Pastor, y de las manifestaciones de su amor, podemos y queremos abandonarnos a su conducción, también asumiendo los encargos que él nos de y las cruces que nos entregue, para ser reflejos de su sorprendente amor.
El diácono y el sacerdote es un servidor de la Palabra. Está llamado a estudiar y a amar la Palabra de Dios, su Palabra de amor, y a hacer de ella el origen de su propia sabiduría.
Predicar la palabra de vida de manera propositiva, sí, pero sin esquivar la misión de predicarla también a destiempo, cuando no se quiere escuchar la sana doctrina, cuando no se quiere oír la frase que nos pide ser justos y misericordiosos como el Buen Pastor, el mandato de orientarnos por la voluntad del Dios Creador, inscrita en el ser de las criaturas, la palabra que propone el camino de la renuncia a sí mismo y de la cruz, de paso a la resurrección y la gloria.
Nuestro tiempo necesita que los sacerdotes de Cristo sean hombres sabios, profetas del paso del Señor, que conducen a través de sembrados y de desiertos hacia el pasado mañana de la historia, sin dejarse encandilar por quienes nos proponen ser como dioses, lejos del Evangelio, emancipando nuestra cultura de su substrato católico.
Desde lo más profundo, anhela esa tierra cálida y familiar, que el Amor eterno se ha preparado, donde manos bondadosas se juntan en oración y alivian dolores, donde resplandece la libertad y la alegría; anhela cielos nuevos y tierra nueva, una nueva humanidad. Para conducir a esa tierra prometida, que es la Familia de Schoenstatt y que son otras familias carismáticas y comunidades cristianas que servimos, que es toda la Iglesia, Familia de Dios, y que es en su plenitud el cielo, los ha llamado el Señor.
Unámonos a la Sma. Virgen, nuestra Madre y Reina tres veces admirable, que con tanto amor nos acoge para poner en sus manos la vida de todos nuestros sacerdotes y pedirle que consagrados a Ella los proteja y ayude en su camino de sacerdocio.

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N° 133 del 18 de octubre al 18 de diciembre de 2017

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