Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

ASEMEJARSE A CRISTO DOLIENTE

March 08 de 2016

En el asemejarse a Cristo,  se incluye otro fin misterioso de la conducción divina: La vocación a cooperar en la redención del prójimo y en el  perfeccionamiento de la Iglesia y del mundo. Todo hombre, según el plan de Dios, debe dar  aporte, especifico y único, al perfeccionamiento del reino de Dios y de la creación. Ahora bien, Cristo redimió al mundo y llevo a cabo su perfeccionamiento, no solo a través de su encarnación y de su actuar en el mundo sino, especialmente, a través de su muerte en la cruz. Por esto, cada hombre, y especialmente cada cristiano, está llamado a prestar su colaboración a la redención y al perfeccionamiento de la humanidad a través del sufrimiento y de la muerte. El padre Kentenich
Describe este motivo oculto del sufrimiento humano en un escrito en la prisión de Coblenza.

La ley del sufrimiento:
El último argumento que se puede citar para la gran ley cristiana del sufrimiento sea solamente el deseo y querer del eterno Padre Dios. Solo El tiene derecho a imponer una ley así y, luego, regir el mundo según ella.
¿Cómo interpreta pascal esta ley? Opina que lo sucedido  a Cristo sucederá, y debe suceder, en el correr de los siglos, a cada cristiano en su cuerpo y en su alma.
Si nosotros,  como cristianos, debemos ser pequeños Cristos y sabemos lo que esto significa entonces es evidente que, al igual que el Señor debemos sufrir; abrazar la cruz y el sufrimiento y, de manera preclara, ser colmados en abundancia por ellos; pero, al mismo tiempo, participar en este mundo y, sobre todo, después de la  muerte de su glorificación y transfiguración.
El misterio de Cristo ayudó a Pablo a dar una respuesta con sencillez asombrosa al misterio del dolor en el mundo. Somos miembros de Cristo. La Cabeza padeció;
También nosotros debemos entonces padecer. Por el Bautismo somos incorporados a la vida sufriente del Señor. Con razón San Pablo puede decir: Así quiero asumir mi realidad de Cristiano “en comunión con sus padecimientos hasta hacerme semejante a Él en su muerte”  (Fil 3, 10). Es para él l lo más evidente del mundo que sus sufrimientos son los sufrimientos de Cristo, del mismo modo, como su vida es vida de Cristo. (Rom 8, 17). Debemos completar con nuestros sufrimientos lo que falta a las tribulaciones de Cristo.  Cristo  quiere  tener compañeros de sufrimiento. Mientras más cercano está el hombre de Cristo, más oportunidades le da a Cristo para continuar en el su Pasión.
Estamos llamados a vivir la plenitud de Cristo llevando con alegría los sufrimientos, nada de esto debe estorbar en nuestro camino a la santidad.

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N° 136 del 18 de abril al 18 de junio de 2018

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