Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

LA ALIANZA DE AMOR NOS LLEVA A LA CONVERSION SEGUNDA PARTE

February 07 de 2016

Nos preguntamos ahora con que descripción calza mi alma?:¿Soy capaz de escuchar con atención total? ¿Es mi audición tan objetiva que me permite asimilar la verdad o novedad de lo escuchado, y rectifica  el juicio que ya tenía preparado o formulado? ¿Se me tiene como persona puntual, que honra su compromiso de estar a la hora en que se debe estar? ¿Son mis promesas contables? ¿Devuelvo oportunamente lo que he pedido prestado? ¿Doy a tiempo aviso, o pido ser disculpado por  omisiones, ausencias o tardanzas que han molestado y dañado a quienes confiaron  en mí ?¿Agradezco como es debido, es decir siempre, toda muestra de bondad y todo acto deservicio con que otros me distinguen? ¿Me acuerdo y ocupo de felicitar y obsequiar a quien celebra su día? ¿Divulgo sin necesidad chismes y rumores que van en descrédito de terceros ausentes? ¿Guardo con inviolable discreción el secreto que me ha sido confiado? ¿Impongo brutalmente a otros el ruido que a mí me gusta, los olores que a mí no me importan, el malhumor que a mí me aflige? ¿Invito y agasajo siempre, o casi siempre, con miras a obtener un bene?cio o una reciprocidad? ¿Hablo de manera inteligible y decente, cualquiera sea mi entorno? ¿Respondo, o hago al menos un esfuerzo por responder las llamadas y cartas que se supone merecen y esperan respuesta? ¿Pido disculpa cuando tomo conciencia de haber dañado, con malicia o por negligencia, la honra o los derechos de otro?

Miradas una a una, son o parecen pequeñeces. Pero hay algo que las une a todas como un hilo conductor: la caridad. La delicadeza de pensar siempre en el otro, y de sentir al otro como un alguien que me pertenece, que es un don y una tarea para mí. Por eso no son pequeñeces: la caridad, que en su alma, las hace grandes. La caridad es lo más grande. Y su prueba de fuego son las cosas pequeñas.

Otros espíritus, de mayor altura de vuelo, preferirán el espejo de las promesas bautismales. Cada una de ellas contiene la correlativa exigencia de conversión. Quien promete renunciar al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios, tendrá que asumir el compromiso de con?ar, hasta abandonarse como niño, en la gracia del Dios omnipotente, misericordioso y ?el. La esencia del pecado es descon?ar de Dios. ¿En qué grado mi estilo de vida, mi actitud fundamental están marcados por la descon?anza, y consiguientemente por mi continuo reclamo, reproche, descontento, murmuración ante la aparente dejación u olvido que Dios ha hecho de mí? Visto de otro modo: ¿qué lugar está ocupando, en mi oración y re?exiones cotidianas, la acción de gracias a Dios por lo mucho y demasiado que me ha regalado, junto con la petición, humilde y con?ada, de lo poco que creo aún necesitar para sentirme feliz? Prometemos, en el bautismo, renunciar a las tentaciones o seducciones que pueden convertirnos en súbditos del pecado. Tal promesa se traduce en compromiso de vigilancia y prudencia. No podemos jugar todo el tiempo con fuego ni bailar en la cuerda ?oja, en una temeraria con?anza de que Dios hará un milagro para impedir nuestra caída. Un buen propósito seria pensar mejor las cosas y las palabras, preparar y hacer mejor mi trabajo, prevenir a tiempo los focos de con?icto, esforzarme más por la transparencia que disipa los equívocos. Que mi memoria me preserve de tropezar por segunda o tercera vez en la misma piedra. Que mi docilidad me haga humilde para preguntar a los que saben lo que yo no sé.

Finalmente, prometemos renunciar a Satanás. ¿Qué rasgos lo caracterizan?

1) La soberbia de no querer inclinarse ante jerarquía superior;
2) ser padre de la mentira, mentiroso desde el principio;
3) vivir atormentado por la envidia, sin tolerar la felicidad de otros;
4) odiar al prójimo hasta desear, instigar y consumar su eliminación violenta;
5) sembrar cizaña para dividir y contraponer a los que Dios quiere unidos; y
6) contagiar a todos la insuperable tristeza de haber escogido para siempre el mal.

 Cualquiera que sea nuestro espejo y nuestro propósito deberá atenerse a tres premisas básicas. Si debo y quiero cambiar, quiere decir que puedo. La gracia de Dios nunca me faltará, si se la pido con humilde perseverancia. Y no hay cambio, ni conversión ni progreso, sin cruz.. Para convertir mi mediocridad y miseria en oro, tengo que pasar por el crisol de la disciplina y del sufrimiento. Pero no hay que temer ni cavilar, sólo dar el primer paso.

Texto del Pbro. Raúl Hasbún Z

PROPÓSITO:

LEER EN EL LIBRO “HACIA EL PADRE“ LA ORACION FINAL DEL VIA CRUCIS.
FUE ESCRITO POR EL PADRE KENTENICH EN DACHAU.

Cruz Santa

A tus pies me rindo
Y te canto
Un ardiente himno de gratitud
Y de júbilo
¡En ti consumo
Nuestro Señor la redención
Que nos ha hecho hijos de Dios!
Quiero ponerte en la hondura
De mi alegre corazón
Y regalarte de continuo
Mi amor entero;
Quiero fundar
Toda mi esperanza de vida
En ti; Señor cruci?cado
Y en María, tu compañera.

Manifieste yo vuestra presencia a los hombres,
Y así para vosotros los gane;
Concededme que, combatiendo, día a día
Arriesgue la vida por vosotros,
Para que vuestro Reino
En todas partes logre victoria
Y ensanche sus con?nes
Por todo el universo.

Concededme entregar a los pueblos
Como el signo de redención,
Tu cruz, Jesucristo,
Y tu imagen María.
¡Que jamás nadie separe
Lo uno de lo otro,
Pues en su plan de amor
El Padre los concibió como unidad!

Por siempre permanezcan
Schoenstatt como fiel instrumento,
Que os inscriba unidos
En el corazón de los hombres:
Así se destruirá eficazmente
El reino de Satanás,
Y, en el Espíritu Santo,
Se acrecentará la gloria del Padre.

Amén.

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N° 133 del 18 de octubre al 18 de diciembre de 2017

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