Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

SEGUNDO HITO DE LA HISTORIA: “EN LA CONFIANZA DIVINA”

January 17 de 2016

CARTAS DEL CARMELO

La paternidad del Padre Kentenich y la profunda unidad con su Familia quedaron especialmente de manifiesto cuando fue apresado por la Gestapo y, estando en la cárcel de Coblenza, decidió voluntariamente renunciar a recursos humanos para salvarse del campo de concentración. La decisión del 20 de enero de l942 la tomó a partir de una arraigada "fe en lo sobrenatural y en el entrelazamiento de destinos" entre él y la Familia. Renunció a la libertad exterior para conquistar para Schoenstatt la gracia de la auténtica libertad de los hijos de Dios. Esto lo llevó al campo de concentración de Dachau, y condujo a la Familia a la altura de una aspiración heroica a la santidad. Las cartas de la prisión -así llamadas "Cartas del Carmelo"- nos trasladan a aquella hora y nos ponen en contacto con la grandeza de un hombre totalmente entregado a Dios y solidario con los suyos.

Texto nº III: Carta a comienzos de diciembre de 1941 Mi alejamiento y mis cadenas son el precio de rescate por el cobijamiento y libertad de toda la Familia. Luchen por un verdadero arraigo y libertad en Dios. Pero tengan en cuenta que somos libres para Dios en la medida en que nos hacemos libres de nosotros mismos, de nuestra propia voluntad y deseos. Yo me esfuerzo para que ustedes puedan estar orgullosos de mí. Cuiden de que yo también pueda estarlo de ustedes (...) Visiten el Santuario diariamente por mí y pidan a la Santísima Virgen, en mi nombre, que ella permanezca fiel a la Familia y nos implore -para mí en primer lugar- un ardiente amor a la cruz y al Crucificado.

 

Texto nº V: Carta de Navidad 1941 De todo corazón dono gustoso al Padre Dios la pérdida de mi libertad. Estoy dispuesto a soportarla en todas las formas posibles, hasta el fin de mi vida, si con ello pago el precio necesario para la permanencia, la santidad y la fecundidad de ustedes y de toda la Familia, hasta el final de los tiempos. Lo que aspiramos alcanzar con nuestra Familia y cómo lo queremos lograr es algo tan inmensamente grande, que sólo se puede alcanzar con gracias extraordinariamente grandes. Esto no deben olvidarlo nunca. Quien ama a la Familia se considera feliz de poder darlo todo por ella. Lo más valioso que posee el hombre es su libertad. Con sincero y ardiente amor ofrezco esta libertad, para que el Padre Dios les regale, con abundancia y para todos los tiempos, el espíritu de libertad de los hijos de Dios que tan ardientemente he anhelado para ustedes (...) Mi estadía aquí es una prueba mayor para ustedes que para mí; así como mi destino es el destino de la Familia. Estoy aquí no por causa mía o por causa de alguna torpeza, sino por causa de la Familia, tanto de los más próximos como de los más lejanos. Por eso la Familia está prisionera conmigo y en mí (...) Por eso tienen que aprovechar la prisión como yo lo hago, como una suerte y un destino personal. Eso hacen si se consumen como hasta ahora por los ideales de la Familia, con inquebrantable fidelidad, aún cuando vengan nuevas pruebas. Espero y pido a Dios poder coger y cargar solo muchos de los golpes previstos para la Familia. Pero todos no los podré cargar. Alístense ustedes para ello. En noble competencia tratemos de ser dignos unos de otros y de ser cada vez más dignos de Dios y de la Santísima Virgen, para que ellos puedan levantar con nosotros el gran edificio que quieren construir. En la práctica, no podemos hacer nada mejor que cultivar, amar y vivir el espíritu de Inscriptio (el amor a la cruz). Pidan para mí ese espíritu como yo lo pido para ustedes y para todas las generaciones futuras (...) No deben ponerse tristes por causa mía; en primer lugar, porque estoy allí donde Dios me quiere y eso es siempre lo mejor. Además, porque desde aquí puedo servirles y ayudarles mejor que estando afuera. Finalmente, no deben olvidar lo que tantas veces les dijera: no hay lugar más hermoso en el mundo que el corazón de un hombre noble y lleno de Dios. Vean ustedes cuánto me ha regalado el Padre Dios con lugares así. Preocúpense ustedes que su corazón llegue a ser cada vez más noble, más puro, más fuerte y más lleno de Dios. Así, entonces, le preparan a Dios y también a mí un lugar confortable. ¿Y a quién le va mejor en el mundo que a mí? ¿Quién tiene un hogar más bello que el mío, a pesar de la prisión? El Señor, al emprender el camino de su pasión, rezó: "Nadie me quita la vida, yo mismo la doy porque quiero". Así lo hago también yo: Nadie me quita la libertad, yo la doy libremente, esto es, porque yo lo quiero así. Más exactamente, porque así lo desea Dios. Y mi alimento y mi tarea predilecta es hacer la voluntad de aquél que me ha enviado.

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