Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

CAMINO A BELEN BUSCANDO LA MISERICORDIA

December 13 de 2015

La misericordia es poner el corazón en algo más allá de mí mismo. En la necesidad del otro.
Tiene que ver con salir de mí. Con dejarme tocar por otro. Pienso en el primer adviento de María. Ella tuvo misericordia de Isabel. Se conmovió al pensar que estaba sola y era anciana. No se  guardó, no protegió su embarazo, se puso en camino sin pensar en nada más. Esa es la misericordia de Dios en este Adviento. Dios se pone en camino hacia mí porque le importo.

María se pone en camino hacia Isabel, porque la necesita. Miro a José. Tiene misericordia de María y no la repudia públicamente. Porque se conmueve ante la posibilidad de que María sea puesta en entredicho. A pesar de que no comprende, a pesar de su dolor y su desgarro. El dolor  de María le duele más que el suyo y decide repudiarla en secreto. Pienso en la grandeza de su  alma. José no pensó en el supuesto pecado de María. Pensó en su fragilidad si la repudiaba  públicamente. En su dolor. Dios eligió dos corazones misericordiosos para nacer. Durante nueve meses  sólo José y María conocían la promesa.  Hasta el anuncio a los pastores y a los magos. Y  esperaban. Sus corazones amaban de la misma forma como Dios ama. Con misericordia. Con  compasión. Con comprensión. ¡Qué lejos estoy de eso!

María pensó en Isabel y su necesidad  antes que en sí misma. José pensó en María y en su dolor, antes que en el suyo. El portal de  Belén fue la primera puerta de la misericordia de la historia. Un niño pequeño es el mayor signo  de misericordia. José y María atravesaron la puerta del establo. Luego los pastores, los primeros niños adorando.

¿Cómo es mi misericordia ante el dolor y la necesidad del otro?

 ¿Cómo es la  misericordia de los demás ante mi dolor, ante mis necesidades cotidianas?

Jesús nos enseña el  camino con su vida, con sus palabras de consuelo, con su perdón en la cruz, con su forma de  curar y de dejarse tocar por cualquiera. Nos muestra el corazón de Dios. Ese corazón  misericordioso y compasivo. Belén es la puerta de la misericordia. Me gustaría que este año todo nos agachemos para entrar por ella y poder adorar al Niño. Esperamos con María y José.

La misericordia es el corazón herido de Jesús que se abaja y se introduce en mi miseria.
Somos «miserandos», hombres necesitados de la misericordia. En mi fragilidad y en mi torpeza necesito su mirada pura y misericordiosa. Él escarba en mis heridas para quitarme el dolor y calmar mis ansias. Se compadece de mi pobreza y me recuerda cuánto valgo, qué grande es mí dignidad. Se acuerda de que soy pequeño y me bendice, porque no puede dejar de hablar bien de mí, de mi vida. Viene a mí y me llena con su amor infinito para que yo pueda aprender a amar de otra forma. Es esa misericordia que tenemos que reconocer cada mañana, cada noche, en  nuestra vida. Se nos olvida y pensamos que el mundo nos debe algo, que los demás nos deben  algo, que Dios nos debe algo. Me gustaría que mi oración fuera siempre sentar me junto a Dios, y mirar juntos cada tarde:

Mi vida. Mirarlo a Él, mirar mi vida y descubrir dónde estuvo Él, donde me amó más, en que encrucijada del camino de forma especial me sostuvo y me alentó a seguir caminando.

¡Cuántas veces la oración de la noche se llena de recriminaciones por lo que no fue  perfecto! ¡Qué pocas veces es un canto de alabanza, un magníficat, por la vida y las alegrías  que hemos podido palpar! Tengo que pedirle a Dios que me ayude a mirar con misericordia mi  vida. Que me cambie la mirada. Que me enseñe a no juzgarme, a no condenarme tan fácilmente por lo que no he hecho, por lo que he hecho mal. Así mira Dios mi vida. Se alegra al contemplar  mi pasado y mi presente. Sueña con mi futuro. ¡A veces somos tan duros con nosotros mismos!  ¡Nos falta tanta misericordia! No tenemos misericordia en nuestras caídas. Es muy difícil ser  misericordiosos con los demás si no lo somos con nosotros mismos. Es imposible. Cuando me  miro con misericordia, puedo mirar a otros con paciencia y amor. En  Belén se hizo carne la misericordia infinita de Dios. Su amor misericordioso se desbordó en el  vientre de María. Se hizo voz, manos, mirada. Se hizo abrazo y sonrisa. Se regaló hecho hombre entre los hombres. Oculto en una cueva encendió la luz de su amor.

Tomado del retiro de adviento 2015 Padre Carlos Padilla Esteban. Padres de Schoenstatt.

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