Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

LA ASCÉTICA ORGÁNICA DE SCHOENSTATT

August 20 de 2015

Schoenstatt ofrece un enfoque nuevo de la ascética. Su originalidad contempla la acentuación de una imagen concreta de hombre y de santo; lo ha denominado simplemente hombre nuevo. Es un tipo de hombre que toma como modelo y educadora a la Santísima Virgen. Apoyándose en ella, enfrenta la crisis del tiempo, buscando superar el ambiente de masificación que ha producido un tipo de hombre individualista, incapaz de crear vínculos profundos. Schoenstatt está consciente  del proceso de deshumanización  de la sociedad, de cómo se ha ido poniendo la máquina como ideal y de cómo se van gestando cada vez más fuentes de esclavización. Con su ascética busca formar personalidades libres, capaces de crear un organismo natural y sobrenatural de vínculos. A ese tipo de santo lo denomina el santo de la vida diaria. Considera que el hombre que vive en Cristo llega a la santidad, es decir, alcanza la perfección, cuando logra armonizar, en la fuerza de la gracia, su relación con Dios, con los hombres, consigo mismo y con el trabajo. La santidad, desde el ángulo de Schoenstatt, se juega en el plano de las relaciones nórmales de la vida cotidiana. Su sistema ascético, por lo tanto, estará orientado a procurar la plenitud y la armonía de esas relaciones humanas normales: ofrece un camino al alcance de todos los cristianos, cualquiera que sea su estado de vida y condición; rehúye, por eso, lo extraordinario. El santo, en la perspectiva de Schoenstatt, con su fe y su amor hace extraordinario lo ordinario.

En la búsqueda de cooperar con la gracia para realizar al hombre según la imagen de Cristo adecuada al tiempo, se esfuerza por escuchar y seguir lo más fielmente posible los deseos de Dios. En primer lugar escucha la voz del Creador en el orden de ser impreso en cada creatura. Hace su yo el antiguo adagio escolástico:" el orden de ser determina el orden de actuar. “Ordo assendí est ordo agendi)”. Esto significa en la práctica que Dios manifiesta su voluntad respecto a lo que es preciso hacer, a través de la misma realidad del ser que Él mismo ha creado. Para encontrar, diseñar, el camino de santificación adecuado al tiempo, observa en la naturaleza cómo crece la vida. Ve a la humanidad tan llena de rupturas e incoherencias, que siente la necesidad de ayudarla a recuperar su integridad y armonía. Teniendo eso presente, recuerda que la gracia es fuente de vida. El Señor Jesús enseñó que vino al mundo para que tengamos vida abundante (Jn. 10). Desde esta perspectiva, la primera conclusión es que el crecimiento armónico e integral de la nueva vida que regala el Señor se realiza a semejanza del crecimiento de los organismos vivos en el plano natural.

La imagen del organismo dará, por eso, una inspiración fundamental a todo el sistema ascético de Schoenstatt. Considera a la persona como un todo, que debe ser considerado en su unidad e integridad, en su aspectos externos e internos, en su presente y en su historia. En ese contexto de consideración de la persona como un organismo vivo, se pregunta por las leyes de desarrollo de la vida y por los obstáculos que la amenazan. Un paralelo con la realidad de los organismos servirá de esclarecimiento permanente para la cooperación con la gracia. En ese mismo contexto hace suyo el axioma de Santo Tomás de Aquino que enseña que "la gracia no destruye la naturaleza, sino que la eleva y la perfecciona". Por esa razón, toma en serio aspectos naturales como la afectividad, el subconsciente, el inconsciente, el temperamento, el carácter, la pasión dominante, y todos los demás aspectos naturales que servirán de base a la acción de la gracia, y busca la plenitud de la nueva vida infundida por la gracia, ateniéndose a las mismas leyes de crecimiento que el Creador determinó para los organismos vivos.

Este es considerado el camino adecuado para que el hombre moderno recupere su armonía y se deje penetrar plenamente por la gracia hasta lo más recóndito de su ser y, a la vez, se abra a una relación cada vez más intensa y personal con todo el mundo sobrenatural, con cada una de las Personas de la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen y los santos. Busca aplicar los medios para que la persona se abra a la gracia hasta lo subconsciente e instintivo. Este objetivo de la ascética de Schoenstatt trae la novedad de introducirse abiertamente en el campo psicológico, un campo hasta ahora inexplorado desde la perspectiva de la autoeducación y de la aspiración a la santidad.

La ascética orgánica presenta como meta la plenitud de vida natural y sobrenatural y propone como camino una forma concreta de cooperación con la gracia. Pero ¿cuál debe ser el aporte de cada cual?

La gracia eleva la naturaleza de cada creyente al orden sobrenatural y lo impulsa a su perfeccionamiento, que consiste en entrega filial en Cristo al Padre en la fuerza del Espíritu. Pero, a la vez, a cada uno le pide una participación en ese proceso. Ésta consiste en una doble preocupación: debe preparar el terreno a la gracia y luego acompañar su desarrollo hacia la plenitud. Utilizando un lenguaje simbólico podemos decir que la acción de Dios en cada uno debe ser preparada, acompañada y completada por la actividad personal. Para preparar el terreno a la gracia en nuestra naturaleza tenemos que conocerla lo mejor posible y saber cómo son sus procesos internos. Ahora bien, sin que nos conozcamos a nosotros mismos no podemos respaldar ni acompañar suficientemente la acción de la gracia. De ahí se siguen dos imperativos, que brotan como consecuencia de las dos tareas que se le asignan a la naturaleza  en su Cooperación con la gracia: se debe llegar a un profundo conocimiento de sí mismo y luchar por un serio esfuerzo de autoeducación.

El esfuerzo por conocerse y auto-educarse está orientado a la santidad, pero estando conscientes de que el Espíritu Santo es quien opera esa santificación asemejándonos a Cristo. Cooperar con la gracia en la obra de la propia santificación significa, por eso, abrirse a la acción de El  Espíritu Santo, que gesta y conduce la nueva vida. Esto fundamentalmente significa sensibilizarse para captar las menores insinuaciones de la voz de Dios y hacerse dóciles para seguir sus menores deseos. Podemos afirmar, entonces, que es santo el hombre que, en la fuerza de la gracia, por la acción del Espíritu Santo y la propia cooperación, aprende a escuchar todo lo que Dios le dice para impulsar y conducir su vida y lo pone en práctica. "Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la practican". (Lc.. 11,28 cfr. Mt. 12, 46-50). Es por eso que toda la lucha de la ascética se orienta a vencer los impedimentos para escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. Nos tenemos que esforzar por conocer cuáles son los impedimentos y cómo se logran obviar, qué nos impide oír la voz de Dios o qué nos la deforma, qué nos esclaviza y no nos deja ser dóciles a sus insinuaciones. La ascética orgánica, entonces, tiene como meta una forma original de identificarse con Cristo. Considera la santidad como una nueva forma de vida, que se caracteriza por la sensibilidad a las mociones de la gracia y la docilidad para seguirlas. Por tratarse de un proceso de vida, se inspira en las leyes que regulan el crecimiento de los organismos. Con ese telón de fondo se pregunta cómo cooperar para que la vida que infunde el Espíritu Santo en cada uno llegue a su plenitud. De esta pregunta brotan tres afirmaciones que ofrecen una base de ordenación sistemática:

1.       La persona tiene que ser bien alimentada espiritualmente. Es preciso, por lo tanto, asegurar que reciba un alimento adecuado en todas las dimensiones de su vida. Con ese fin propone como medio ascético el uso del horario espiritual.

2.     La persona no sólo necesita recibir el alimento es­piritual adecuado, sino que es preciso que ese ali­mento sea bien digerido, es decir que llegue a ser "alimento para ella", que se adecué a su reali­dad personal. Para esto propone trabajar con acti­tudes, ya que los actos que no son expresión, ca­mino o seguro de auténticas actitudes interiores, esto es, de convicciones asumidas personalmen­te, no aprovechan el crecimiento de la vida espiri­tual. Con ese fin propone como medio ascético el trabajo con el ideal personal.

 

3.     Por último, la persona debe asimilar el alimento recibido. Para ello se recurre al uso de un medio tradicional de. la ascética cristiana: apoyar la aspi­ración al ideal a través de propósitos concretos. Por medio de ellos se busca sublimar las fuerzas fundamentales del alma poniéndolas al servicio del ideal personal. Este método de conquista centra la aspiración a la santidad en el trabajo con el examen particular.

Es así como el sistema ascético de Schoenstatt descansa en tres medios de cooperación con la gracia, para superar los impedimentos que hay en la propia naturaleza y crecer en la apertura y docilidad al Espíritu Santo que nos hace semejantes a Cristo. Estos tres cauces ordenan todos los demás medios conocidos por la ascética cristiana: Oración,  meditación, dirección espiritual, examen de conciencia y mortificación. Junto con ellos forma un sistema coherente y eficaz en la santificación del hombre común y corriente. Son medios al alcance de todos, ya que la imagen de santo que se quiere lograr es la del santo de la vida diaria.

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