Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

EL PENSAR AMAR Y VIVIR ORGANICO EN SHOENSTATT

July 21 de 2015


El P. Kentenich define la Misión del 31 de Mayo como una cruzada por el pensar, amar y vivir orgánicos. Para amar orgánicamente (y esto es lo central), es preciso pensar orgánicamente. Ambas dimensiones se expresan y a la vez se aseguran en una forma de vida orgánica. Esta  formulación  tiene,  un enorme contenido vital y práctico.

El pensar orgánico consiste en un modo de ver la realidad. Quien piensa orgánicamente tiende a ver las cosas o las personas en su realidad integral. Ve las partes en el todo. Ve las relaciones de las partes entre sí. No separa lo que en la vida está interrelacionado. No divide en forma mecánica lo que vitalmente está unido

En la realidad del matrimonio y de la familia el Pensar orgánico nos lleva:

• Primero, el pensar orgánico nos lleva a considerar a nuestro cónyuge en la totalidad de su persona.

• Segundo, considera en el  tú, su realidad corporal, intelectual, espiritual y sobrenatural.

Ver a una persona en su realidad total, orgánicamente, significa centrarse en lo que ella es: un ser querible, creado a imagen y semejanza de Dios, con un cúmulo de grandes dones y potencialidades, pero que también cuenta con limitaciones y carencias. Verla en forma orgánica, significa abrirse a una realidad distinta a la nuestra. No parcializar la imagen que tenemos del tú, sino abarcar e interesarse por su condición concreta, física, emocional, espiritual y sobrenatural. Significa ver y valorar con nuestra mirada sus aspectos positivos, y, a la vez, ver y discurrir cómo ayudarle a superar o sobrellevar sus defectos y carencias.

El P. Kentenich nos llama a tener esta forma de mirar, “orgánicamente”, a nuestro cónyuge, y a superar con ello un modo de verlo y valorarlo mecanicistamente. Una visión mecanicista del tú se da cuando nuestra visión es parcial, sesgada e incompleta. El pensar mecanicista separa y extrapola realidades, parcializa. Esto sucede, por ejemplo, cuando consideramos y destacamos en su persona sólo los defectos. Decimos que tal persona es un mañoso, un incumplidor, que no hace bien las cosas, que llega tarde a casa, que tiene mal genio, etc. Extrapolamos casi en forma absoluta aspectos de su personalidad. Es como si al contemplar un árbol sólo viéramos las ramas (y especialmente las ramas secas), pero no el tronco, ni las raíces, ni las flores, ni los frutos del árbol. El modo de ver mecanicista pone anteojeras a nuestra mirada; colocamos etiquetas, estigmatizamos con calificativos que abarcan sólo facetas de la personalidad de nuestra esposa o de nuestro esposo. Los definimos unilateralmente y los encasillamos. ¡Cuánto mal nos hacemos a nosotros mismos y a nuestro cónyuge con esta forma de ver y valorar! Porque esa persona no es sólo un “atado de mañas”, de defectos, de cosas negativas, sino que tiene, además, muchas otras cualidades. Más allá del mal genio o de su desorden, esa persona quizás cuenta con un corazón de oro, posee un gran espíritu de servicio, es fiel .

¡lucha contra el pensar mecanicista!, que nuestra mirada “orgánica” nos lleve a no perder nunca de vista lo valioso que hay en el tú, que, sin duda, es más que las carencias o defectos que éste pueda tener. La totalidad de la persona es más que una de sus facetas.

La mentalidad orgánica se ejercita y se afianza cuando nos esforzamos por mantener vivo en nosotros “el primer amor”, ese amor que nos hizo “clarividentes”, que nos llevó a valorar y destacar particularmente lo positivo en la persona que nos enamoró. Tratemos que no se apague en nosotros esa mirada lúcida. Cada día descubramos de nuevo al tú. Mostrémosle que nosotros vemos más que lo que otros pueden ver. Y no guardemos en nuestro corazón la admiración que tenemos por nuestro cónyuge, expresémosla. Nos hará bien a nosotros y e él.

Aceptar a la persona y a su mundo de lo contrario Es una manera de ver mecanicista e inorgánica  que  genera problemas, desequilibrios, que redundan en un amor mecanicista, inorgánico y también en una manera de vivir mecanicista e inorgánica.

Valorar los talentos del otro es una manera de vivir orgánica,  de lo contrario se genera un callado resentimiento y, no pocas veces, provoca una reacción inesperada.

Aquello que estaba reprimido buscó expresarse, rompiendo los marcos habituales en un ansia de recuperar “la vida no vivida”.

Hoy existe una mentalidad extremadamente mecanicista en la forma de considerar el cuerpo. . Cuán a menudo se tiende a disociar cuerpo y alma. Especialmente el varón, debido a su estructura sicológica tiende a separar lo corporal (entiéndase aqui, lo sexual) de lo espiritual o personal. Se ve entonces el cuerpo del cónyuge separado de su espíritu, de su estado de ánimo, de su disposición espiritual. Esto lleva no pocas veces a tratar al otro como un objeto. Por otra parte, en el mismo sentido, junto con desligar lo corporal de lo espiritual, menos aún se considera que ese cuerpo es templo del Espíritu Santo, santuario de la Santísima Trinidad. Semejante actitud acarrea grandes conflictos. 

Quien piensa orgánicamente posee una visión amplia de la realidad. Va más allá de lo tangible materialmente. Su horizonte llega hasta Dios. Nunca considera la creatura desligada del Creador. El hombre actual, denuncia el P. Kentenich, contagiado por la mentalidad mecanicista, ve las personas y las cosas desligadas de Dios. Es radicalmente materialista. Su visión adolece de miopía. No es capaz de mirar al más allá.

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