Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

DE LO QUE SABEMOS HABLAMOS; DE LO QUE HEMOS VISTO DAMOS TESTIMONIO

April 12 de 2015

Con la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en esta época en su palabra nos invita a Nacer de Nuevo, a ser misioneros, y a dar testimonio.

Queremos compartir esta parte de la vida del Padre  Kentenich, muy apropiada para la reflexión de este tiempo de resurrección , para que cada uno de los miembros de las ramas, reavivemos  nuestro compromiso de Alianza y podamos nacer de nuevo en el Espíritu.

”Todos los creyentes, que eran muchos, pensaban y sentían de la misma manera. Ninguno decía que sus cosas fueran solamente suyas, sino que eran de todos.  Los apóstoles seguían dando un poderoso testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y Dios los bendecía mucho a todos”(Hechos 4,32-33).

De la vida del P. Kentenich:

En la conclusión de la conferencia que les dictó a los seminaristas el joven Padre Espiritual, P. .José Kentenich, y en la cual había presentado su programa  agrega lo siguiente: "Pero falta lo principal: organización interna a la manera de las congregaciones que comúnmente existen en distintos colegios, universidades. Queremos crear esta organización.

Nosotros, no yo. Porque yo no haré nada en este sentido, absolutamente nada, sin la plena aprobación de ustedes."

Nosotros, no yo. También estos eran nuevos aires para los muchachos. Hasta ese momento estaban acostumbrados a que los responsables tomasen las decisiones que luego ellos, los estudiantes, debían cumplir.

Pero ahora el nuevo Padre Espiritual les presentaba un plan nuevo, diciéndoles que él dependía de la colaboración y aprobación de ellos. Y así sucedió. Luego de numerosas discusiones se acordó con los jóvenes la fundación de una asociación misionera, la que más tarde fue transformada en una congregación mariana.

Los muchachos habían tomado conciencia de ser los verdaderos protagonistas y no los que simplemente tenían que contentarse con cumplir las consignas emanadas de los superiores. Esta conciencia se fortaleció hasta el punto de hacer posible una "revo­lución". Así se fue gestando un pequeño grupo que se resistía a la formación de una congregación mariana. Y propagaba sus ideas con insistencia y efectividad. Para el asombro de todos, el P. Kentenich apoyó esta iniciativa. Quería que el asunto fuese discutido por todos con libertad y sinceridad. Nosotros, no yo.

Esta máxima acompañó al P. Kentenich a lo largo de toda su vida. y  la aplicaba a su trabajo pastoral: mantenía el contacto con los jóvenes, consideraba sus problemas y dudas, y sus conferencias eran un diálogo, una respuesta a los interrogantes e inquietudes de sus oyentes. Cuando una vez se hizo la sugerencia de no difundir indiscriminadamente las conferencias del P. Kentenich, debido a que muchos de sus contenidos hacían referencia a circunstancias internas que podrían ser fácilmente mal interpretadas por extraños, uno de los superiores hizo el siguiente comentario: "¿Y qué iba a hacer él? Todo lo ha sacado únicamente de nosotros mismos..."

El P. Kentenich mantuvo en alto ese "nosotros, no yo", incluso cuando la situación se puso difícil, cuando surgieron conflictos con sus colaboradores dirigentes. Sin lugar a dudas, el proyecto de una obra tan abarcadora como el Movimiento de Schoenstatt, sólo se podía hacer realidad de manera gradual y su desa­rrollo habría de insumir varias décadas.

Había concluido la Segunda Guerra Mundial. Corrían los tiempos de, la posguerra. Se estaba  gestando la comunidad de los Sacerdotes de Schoenstatt. El P. Ken­tenich quería fundar tres comunidades sacerdotales distintas: Un instituto secular con un carácter similar al de una Orden; una segunda comunidad con menos obligaciones; y finalmente una tercera, pensada para un círculo más amplio. Sus colaboradores dirigentes consideraron que esta propuesta era irrealizable. Opinaban que bastaba con una sola comunidad de sacerdotes schoenstattianos. Le advertían que los obispos no aceptarían fácilmente una comunidad de sacerdotes de Schoenstatt. Y si además se iba a ellos con una propuesta de tres comunidades, probablemente la actitud que asumirían frente a todo el proyecto sería la de rechazo.

El conflicto interno con estos dirigentes llegó tan lejos que la dirección de los sacerdotes de Schoenstatt le ofreció por entonces su renuncia. Pero el P. Kentenich no la aceptó. Podría haber reemplazado con facilidad a la gente que provocaba dificultades, poniendo en su lugar otros que le agradasen más y aprobasen enseguida sus planes. Pero no aceptó la renuncia de la dirección de la comunidad de sacerdotes y les permitió que pusiesen en práctica su modelo. Nosotros, no yo. El hecho de hacer las cosas en común le era tan importante que por ello valía la pena esperar largamente hasta poder realizar sus propios planes.

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