Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

LA CRUZ, ES ARBOL DE VIDA

April 05 de 2015

Con la muerte del Señor en la cruz, el mundo se cubre de tinieblas. Un momento de espera angustiosa en la que la Iglesia nos pide que acudamos a la Santísima Virgen, la madre dolorosa que ha recibido de José de Arimatea el cuerpo sin vida de Jesús. Es precisamente en este sábado santo cuando podemos apreciar la grandeza de la Santísima Virgen. Con el sábado santo concluye la Semana Mayor. Del dolor y la oscuridad pasamos a ver a un Jesucristo deslumbrante, Rey de Reyes. Comienza la Pascua con el Domingo de Resurrección, y llega la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, al momento cúspide en el calendario litúrgico. Jesús ha muerto por nosotros, pero ha resucitado abriéndonos las puertas del Cielo.


¿Qué implica la resurrección para nuestros problemas humanos y nues­tra conducta cristiana?

La resurrección es la garantía de la fe en Jesucristo, es el fundamento de la vida de la Iglesia. En el Viernes Santo no había Iglesia; todos estaban esparcidos como ovejas sin pastor. “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas” (Mt. 26:31). La resurrec­ción los une para siempre, haciendo posible la fe en Jesucristo. Es la piedra angular de la fe y de la vida cristiana.

La resurrección nos confirma que Dios reina sobre todos los enemigos; que ese Dios que vino a nosotros en Cristo, ese Dios que nos ama como Cristo, ese Dios que nos salva en Cristo, es el Rey de las nacio­nes, el Señor de la historia. De manera que su amor no es signo de debilidad, sino manifestación del estilo de su autoridad y de la manera en que quiere gobernar.

Su perdón anunciado en Cristo es real, y la vida que nos ofrece, vida en amor a él y al prójimo, es la única vida verdadera (“Yo soy... la vida”, Jn. 14:6; “Yo soy la resurrección y la vida”, Vale decir que cuan­do él nos señala que el amor a Dios y al prójimo son el cumplimiento de la voluntad de Dios, está diciéndonos que ése es el único camino hacia el verdadero gozo, para el cumplimiento del destino de la persona humana, y que la idolatría y el egoísmo conducen indefectiblemente a la muerte. Con su resurrec­ción, Jesucristo está mostrándonos que vale la pena darse por amor a Dios y al prójimo, que vale la pena luchar por el bienestar de los demás, porque eso es la vida. Y que cuando, por vivir nuestra vida o disfrutar de nuestra tranquili­dad, nos negamos a prestar oídos a los clamores de la necesidad de nuestros prójimos, en realidad lo que estamos haciendo es rehusarnos a emprender el camino de la vida y la paz verdaderas.

la resurrección de Jesucristo nos muestra que la histo­ria tiene una meta real, que no es una mera repetición de círculos, porque hay algo nuevo bajo el sol. Porque el Dios de nuestro Señor Jesucristo es el que hace nuevas todas las cosas, inclusive a los hombres que se le entregan la resurrección de Cristo nos muestra que la renovación del hombre, su re-creación por obra del Espíritu de Dios, es factible. Que como cristianos debemos ser realistas, al juzgar los efectos del poder del pecado, pero nunca cínicos ni pesimistas al considerar las posibilidades de regenera­ción del hombre. Porque “el que está en Cristo es nueva creación”. Y esa nueva creación se muestra en una nueva capacidad para el amor genuino que Cristo hace posible entre los hombres. De manera que, dentro de las limita­ciones de este orden presente donde el pecado derrotado pero no eliminado, todavía impera, es posible la verdadera comunión humana, la comunidad de la Iglesia.


¡¡¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCION 2015!!!

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