Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

CUARESMA 2015 PERDON Y ENCUENTRO CON DIOS EN EL SANTUARIO

March 15 de 2015

«Perdona toda nuestra maldad
y recibe con benevolencia
las alabanzas que te ofrecemos.
Asiria no puede salvarnos,
ni tampoco escaparemos a caballo.
Ya no llamaremos “Dios nuestro”
a nada fabricado por nosotros mismos,
porque solamente en ti, Señor,
el huérfano encuentra compasión.»
Dice el Señor:
«Voy a curarlos de su rebeldía;
voy a amarlos aunque no lo merezcan,
pues ya se ha apartado de ellos mi ira.
Voy a ser para Israel como el rocío,
y él dará flores, como los lirios.
Sus raíces serán tan firmes
como el monte Líbano;
sus ramas se extenderán
hermosas como las ramas del olivo,
y será su aroma como el de los cedros del Líbano.
 Israel vivirá de nuevo bajo mi protección;
entonces crecerán como el trigo,
florecerán como la vid
y serán famosos como el vino del Líbano.
Efraín dirá: “¿Qué me importan ya los ídolos?”
¡Yo soy quien atiendo y cuido a mi pueblo!
Yo soy como un pino siempre verde,
y en mí encontrará mi pueblo su fruto.»
Que los sabios y prudentes
entiendan este mensaje:
Los caminos del Señor son rectos,
y los justos los siguen;
pero los malvados tropiezan en ellos.

Oseas 14,  2-10

Reservas interiores ocultas

Uno de los grandes anhelos del P. José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt fue educar al hombre libre interiormente. Libre de todo lo contra-divino para poder ser plenamente libre para Dios y su voluntad. Y uno de los obstáculos más grandes en ese camino de la libertad cristiana es el egoísmo, ese pequeño tirano dentro de nosotros mismos. Porque es mucho más fácil, desprenderse de cosas o de la vinculación a otras personas que deshacerse del apego a sí mismo. En lugar de girar en torno a Dios giramos en torno a nosotros mismos. Y como productos de ese egoísmo encontramos las reservas ocultas de nuestra naturaleza: esas cosas que retenemos para nosotros mismos y que no estamos dispuestos a ofrecerlas al Señor. ¿Cuáles son nuestras reservas interiores ocultas, que nos impiden una entrega total a Dios? ¿Cuáles son las cosas que retenemos para nosotros mismos y no estamos dispuestos a ponerlas en manos del Señor? Podemos distinguir dos tipos:

1. Reservas del entendimiento El hombre de hoy quisiera asegurar y comprender todo con su razón. Pero en la vida nos encontramos con mucha oscuridad que la razón humana no puede captar. También a nosotros nos resulta difícil aceptar las cosas incomprensibles e inexplicables de la fe Nos cuesta dar saltos mortales en las manos de Dios, iluminados solamente por la luz de la fe. Nos cuesta entregarle al Padre nuestra inteligencia humana y dejarnos guiar por Él a través de las disposiciones y conducciones que no logramos penetrar. Porque Él nos conduce, muchas veces, por caminos oscuros que no podemos entender. Mi tarea personal es, entonces, encontrar mis reservas del entendimiento. Y cuando las haya descubierto, entonces tengo que colocar una escalera para el entendimiento a cada una de mis reservas, subir por la escalera y arriba encontrarme con Dios. Y allí arriba le voy preguntando: ¿qué quieres decirme con esto? ¿Cuál es tu deseo detrás de aquello? Y después tengo que colocar también la escalera para el corazón. Porque si no voy elaborando y abrazando las oscuridades de la vida también con el corazón, no puedo llegar a ser un hombre interiormente libre.


2. Reservas del corazón y de la voluntad También el corazón y la voluntad tienen sus reservas ocultas. El egoísmo puede aparecer p.ej. como comodidad: cuántas veces buscamos justificar nuestro aburguesamiento y nuestra comodidad, porque nos falta espíritu de sacrificio. O nos negamos cambiar nuestro punto de vista, nuestro modo de obrar o pensar, porque ya nos hemos acostumbrado a ello, porque ya se han hecho rutina en nosotros. Ahora, si pensamos en el futuro, podemos descubrir una cantidad de reservas ocultas. Para que el examen sea serio, cada uno tendría que pasar revista a todas las posibilidades imaginables. ¿Qué es lo que no estoy dispuesto a entregarle a Dios? ¿Le entregaré todo, excepto esto o aquello? ¿Qué me costaría más? Tenemos que conocer las reservas ocultas que anidan en nuestro corazón y eliminarlas. Son obstáculos en nuestro caminar hacia la santidad, hacia Dios. Nos esclavizan a nuestro propio yo e impiden entregarnos al Padre. No debemos descansar hasta que podamos decir: Padre, si quieres justamente eso o aquello que a mí me cuesta tanto, entonces lo pido que me lo envíes. Es este camino de la cruz que nos conducirá hacia la perfecta libertad interior.

Hemos de entregarle a Dios nuestro entendimiento, nuestro corazón y, sobre todo, nuestra voluntad. Nuestra voluntad propia debe crecer hacia una armonía más plena para con los menores deseos de Dios, hacia una sumisión y conformidad total con su voluntad divina. Esta es la perfecta libertad de los hijos de Dios. El gran modelo de este espíritu de abandono total es la Virgen María. En la hora de la Anunciación, con su “Fiat” (hágase según tu voluntad) le dio a Dios la libertad plena de hacer con ella lo que quería.


Preguntas para la reflexión
1. ¿Tomamos en serio nuestra lucha por la libertad interior?
2. ¿Aspiramos al grado más alto de santidad? ¿O nos quedamos, a medio camino?
Reflexiones Padre Nicolás Schwizer

Boletínes

N° 136 del 18 de abril al 18 de junio de 2018

Shoenstatt

Video

Galeria de Fotos

Publicaciones Anteriores