Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

«SOMOS COMO NIÑOS NECESITADOS DE UNA MADRE»
SAN MAXIMILIANO KOLBE

August 13 de 2014

Estamos de fiesta en nuestra parroquia, este 14 de agosto fiesta de San Maximiliano Kolbe, queremos agradecer a Dios esta oportunidad de tener un rinconcito Mariano, en donde todos conozcamos mas de nuestra Madre del cielo y hoy como movimiento Apostólico de Schoenstatt, queremos agradecer esta oportunidad de ser los encargados de dar a conocer a Nuestra Madre, y, poder compartir el pensamiento de San Maximiliano Kolbe en esta ocasión; como homenaje a su profundo amor a Dios y a La Inmaculada.

Consagración a la Inmaculada compuesta por S. Maximiliano Kolbe

"OH Inmaculada, reina del cielo y de la tierra,
refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima,
a quien Dios confió la economía de la misericordia.
Yo....... pecador indigno, me postro ante ti,
suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y
posesión tuya.

A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades
de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad.
Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva,
para cumplir lo que de ti ha sido dicho:
"Ella te aplastará la cabeza" (Gen 3:15), y también:
"Tú has derrotado todas las herejías en el mundo".
Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas
me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria
en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo,
aumento en cuanto sea posible el bienaventurado
Reino del Sagrado Corazón de Jesús.
Donde tú entras oh Inmaculada, obtienes la gracia
de la conversión y la santificación, ya que toda gracia
que fluye del Corazón de Jesús para nosotros,
nos llega a través de tus manos".

Ayúdame a alabarte, OH Virgen Santa y dame fuerza contra tus enemigos."

NOS DIO UNA MADRE
Muchas veces ante el misterio del AMOR de Dios con los hombres, nos quedamos sin palabras. Dios crea todo por amor, movido por el amor quiso bajar a la tierra, hacerse hombre, morir por nosotros y quedarse en la Eucaristía. Pero aún quiso darnos más. Dice San Maximiliano:“El Señor nos mandó hacernos como niños pero un niño necesita una Madre, entonces desde la cruz nos dio una Madre, su Madre”. Somos como niños, necesitados de una Madre, que nos proteja, nos aliente, nos ayude… María, es esta Madre que necesitamos.

Debemos reconocer y agradecer el don recibido y preguntarnos cuál debe ser nuestra respuesta ante semejante don.

UNA CONSAGRACIÓN SIN LÍMITES A LA INMACULADA: PROPIEDAD DE LA INMACULADA
La respuesta de San Maximiliano al don de la Maternidad de María es amarla, darse a sí mismo a la Inmaculada, sin reservas. Desea ser propiedad suya y por eso se consagra a Ella: “Me he consagrado a la Inmaculada en cuerpo y alma, inteligencia y corazón, sin quedarme con nada, ni siquiera un poco de tiempo para mí”. No pone límites ni obstáculos a la voluntad de la Inmaculada, se abandona con completa disponibilidad, le suplica: “Dispón todo de mí, a fin de que en tus manos inmaculadas y misericordiosas me convierta en un instrumento útil tuyo”. “Concédeme, oh Virgen Inmaculada, vivir, trabajar, sufrir, consumirme y morir por Ti, solamente por Ti”.

CUARTO VOTO:
TOTAL DISPONIBILIDAD

San Maximiliano no sólo se consagra completamente y sin límites a la Inmaculada, sino que desea además que su consagración sea sellada con un voto de total disponibilidad a Ella. Por eso escribe a sus Superiores desde La Ciudad de la Inmaculada de Japón, para pedir profesar, junto con los hermanos que quisieran, además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, un cuarto voto de disponibilidad mariana. Se trataba de un voto referente a la misión, consistente en estar dispuestos a ir a cualquier misión del mundo y a la misma muerte, si fuere preciso, al servicio de la Inmaculada. Y aquellos que no puedan ir a las misiones, que sean operantes con la oración y el sacrificio a fin de que la Inmaculada pueda entrar en los corazones de todos.

LA VOLUNTAD DE LA INMACULADA; VOLUNTAD DE DIOS
San Maximiliano insistía en sus escritos que no hay diferencia entre la voluntad de la Inmaculada y la voluntad de Dios.

La Inmaculada es la que siempre cumplió la voluntad de Dios; porque Ella sola es la Pura, la que jamás tuvo pecado ni original ni personal. Todo cuanto es de Ella, es de Dios.

¡LA INMACULADA;HE AHÍ NUESTRO IDEAL!
“Acercarse a Ella y asemejarnos a Ella. Dejar que Ella domine nuestro corazón y todo nuestro ser, que Ella viva y obre en nosotros y por nosotros y que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón, para pertenecerle totalmente a Ella sin condiciones. ¡Ese es nuestro ideal!”. Que Ella sea nuestra “idea fija”. Esto se hace a través de la lectura y sobre todo de la oración. Nos aconseja San Maximiliano “si la tratas con frecuencia, conversando mucho con Ella, parando de vez en cuando para estar con Ella, te harás siempre más semejante a Ella”. Al mismo tiempo esto nos conducirá a evitar cualquier cosa que le desagrade y a hacer todo lo que nos asemeja a Ella, especialmente la práctica de la virtud.

“Con la ayuda de la Inmaculada te vencerás a ti mismo y contribuirás muchísimo a la salvación de las almas. Confíale todas tus empresas y se dignará obrar. La victoria es segura en sus manos inmaculadas. La vida externa, de apostolado, es fruto de la vida interior. Confía sin medida en la protección de la Inmaculada”.

QUE TODOS CONOZCAN A LA INMACULADA
El verdadero apóstol no sólo aspira él mismo a la santidad sino que lleva en el alma el anhelo de Jesucristo de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Ese es también el deseo de la Inmaculada y debe ser el de todos aquellos que se consagran a Ella. Por eso, San Maximiliano no rechazó ningún sacrificio para llevar a las almas a Jesús a través de la Inmaculada. Nos anima San Maximiliano a trabajar activamente en nuestros ambientes, conquistando almas para Ella, usando todos los medios lícitos que tengamos a nuestro alcance. Además Ella es la Mediadora de todas las gracias. Por eso escribía San Maximiliano:

“Con la ayuda de la Inmaculada convertiremos el mundo entero. Entonces, ¡a trabajar! Por nuestra parte, debemos ser sólo suyos, totalmente, ilimitadamente!”.

NOS ESPERA EN EL PARAÍSO
¡La Inmaculada nos espera en el Paraíso! Un día podremos contemplarla cara a cara.

Nos alerta San Maximiliano contra la tentación de desaliento que nos insinúa el enemigo, que quiere hacernos creer que el paraíso existe pero no para nosotros. Y nos anima a que con confianza de hijos tengamos nuestros ojos fijos en el Cielo invocando y pidiendo ayuda a Aquella que viene en nuestra ayuda con sólo invocarla: ¡MARÍA! ¡Nuestra Madre nos espera en el cielo!

El 14 de agosto de 1941, víspera de la Asunción, San Maximiliano voló al Cielo para permanecer eternamente con la Inmaculada por quien gastó su vida en la tierra y a la que amó con entrañas de enamorado.

“Señora mía, Reina mía, Madre mía, has mantenido tu palabra, para esta hora he nacido”.

Boletínes

N° 136 del 18 de abril al 18 de junio de 2018

Shoenstatt

Video