Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

UN NUEVO CAMINO ESPIRITUAL PARA LA IGLESIA

July 22 de 2014

Por espiritualidad se entiende la forma cómo actúa la Gracia Divina en el desarrollo y el crecimiento de las personas y las comunidades. Es el paso de Dios y la acción de La Gracia en la historia del desarrollo y el crecimiento humano, el que se construye adhiriendo a principios de fe. Estos son los rasgos centrales en torno a las tres características que el P. José Kentenich marcó en su espiritualidad de Schoenstatt.

1.- Espiritualidad de Alianza:
Su raíz es auténticamente bíblica. Las Sagradas Escrituras nos revelan la imagen de Dios, que por su amor al hombre, sella una alianza con él, renovándola permanentemente a través de toda la historia de la humanidad. Su culminación es la Alianza en su Hijo Jesucristo, Dios y hombre, perpetuada en la Iglesia. Por esto, la espiritualidad de alianza destaca la imagen de un Dios paternal, cercano y pleno de amor misericordioso, que nos invita a vivir en constante relación de amor con Él. Es una espiritualidad que pone el amor como eje de las motivaciones y relaciones del hombre.

Esta relación de amor mutuo supone de nuestra parte el esfuerzo por conocer, asumir, amar y realizar esos planes de amor de Dios. Esta manera de vivir la fe, el P. Kentenich la llamó una fe práctica en la Divina Providencia. Para esto, la espiritualidad de Alianza anima a cultivar una profunda actitud filial en el hombre, de apertura y docilidad para hacer suyos los designios de amor de Dios y cumplir con su Voluntad. Para lograr esto es necesario unir el esfuerzo humano a la gracia divina. Asimismo, su carácter aliancista se expresa en un fuerte cultivo del organismo de vinculaciones personales, tanto sobrenaturales como naturales, propio de una espiritualidad basada en el amor.

La espiritualidad de Alianza encuentra su camino particular de realización en la Alianza de amor con la Santísima Virgen María. A través de la historia de vida del P.Kentenich, Dios le confió a María serla gran Educadora para vivir la Alianza de amor con Dios y desde Él, con el prójimo y con el mundo. Más aún, Dios quiso localizar su acción de Madre Educadora de modo particular en el Santuario de Schoenstatt, desde donde Ella regala la gracia del arraigo en el Padre, de transformación en Cristo y de envío apostólico en el Espíritu Santo. De aquí, que esta espiritualidad otorga un marcado estilo de vida mariano, en las actitudes y en las formas concretas del diario vivir, y se alimenta de un encendido amor personal a la Santísima Virgen, expresado en ofrecimientos de amor afectivo y efectivo a Ella a través del Capital de Gracias.

2.- Carácter de instrumento:
En esta perspectiva aliancista, el P.Kentenich da especial importancia a la verdad teológica que afirma que Dios gobierna el mundo a través de instrumentos humanos libres. Desde el inicio de su Creación, dotó al hombre de los medios para multiplicarse y seguir construyendo el mundo. Toda la historia bíblica posterior nos muestra cómo Él escoge personas y pueblos para el desarrollo del mundo en todos sus aspectos y así, entre logros y fracasos, va evolucionando su Creación. Pero es fundamentalmente a través de la venida de Jesucristo que revela el verdadero sentido del desarrollo de la humanidad y a través de su Iglesia la sigue conduciendo, alimentando y fortaleciendo.

Este sello de la espiritualidad de Schoenstatt, como acento activo de la Alianza, refuerza la visión del quehacer humano como colaboración con la creación divina. Cada persona tiene una misión en su vida, según sus cualidades y su situación concreta, para ayudar en la construcción del Reino de Dios en la tierra. No como un funcionario más, sino como un hijo, que libremente se compromete con su Padre. Por esto, a partir de esta concepción de toda actividad humana, la espiritualidad instrumental impulsa a conocer su propia identidad como voluntad de Dios para uno y a ponerlo en obra responsablemente, siempre en solidaridad con la realidad y desafíos de la sociedad donde se está inserto. En otras palabras, desarrolla una vigorosa conciencia de misión, tanto personal como comunitaria, y en un fuerte impulso hacia el espíritu y la actividad apostólica.

Como seguro y modelo de este rasgo de instrumento, el P. Kentenich nos muestra a la Sma. Virgen en su dimensión de Compañera y Colaboradora permanente de Jesucristo en su obra redentora. Ella nos educa a ser también nosotros quienes colaboremos, ayudemos y acompañemos con toda nuestra vida al Señor que nos invita a ser constructores de su Reino.

3.- Orientación a una santidad de la vida diaria:
En este camino de Alianza entre Dios y el hombre, Él nos llama a la santidad en lo cotidiano. Esta consiste en lograr la armonía querida por Dios, entre la vinculación personal a ÉL, a la obra del prójimo y al hombre, en todas la situaciones de la vida.

Es una dimensión de nuestra espiritualidad que nos ayuda a descubrir la unión entre la naturaleza humana y la gracia divina, entre la fe y la vida de cada día, para que nuestro actuar sea más pleno. Con este acento, nuestra espiritualidad rompe la tendencia a separar totalmente, en la teoría y en la práctica, lo divino de lo humano, superando así una visión marcadamente espiritualista o marcadamente naturalista de la realidad.

Nos ayuda a reconocer que la santidad no depende sólo de actos exclusivamente religiosos, sino de toda acción hecha con amor, con recta intención, buscando realizar la voluntad de Dios, por pequeña y sencilla que sea.

En este acento de nuestra espiritualidad, la Santísima Virgen se nos muestra como Modelo para santificar nuestra vida de cada día. Así nos la muestra el Evangelio con su actuar en la Sagrada Familia y luego acompañando a su Hijo Jesús en su recorrido salvador. Ella es, por tanto, quien mejor nos puede educar a vivir lo cotidiano uniendo lo humano con lo divino.

Este énfasis en la unión de fe y vida ofrece una especial ayuda al laico para el encuentro con Dios en todo orden temporal. Le permite descubrir su presencia en la Creación y cumplir su Voluntad a través de su quehacer de todos los días. Lo impulsa a hacer lo ordinario de modo extraordinario y, como discípulo misionero del Señor, a evangelizar la cultura, para transformar con la fuerza del Evangelio los valores determinantes y las fuentes inspiradoras de la humanidad.

Esta es una mirada profética frente al mundo, que descubre las huellas y las voces de Dios y busca discernir lo que en la vida real nos acerca o nos aleja de Dios, en todos los campos de la vida humana, de modo que desarrollemos positivamente lo primero y nos abstengamos de lo segundo.

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