Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

QUÉ SIGNIFICA OH SEÑORA MÍA, OH MADRE MÍA…

March 18 de 2014

Centenario de la Alianza de Amor – 18 de Octubre - 1914-2014 -

La Pequeña Consagración

Oh, Señora mía, yo me ofrezco todo a ti,
y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día,
mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón,
en una palabra todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo,
Oh Madre de bondad,
Guárdame, defiéndeme y utilízame
Como instrumento y posesión tuya. Amén.

Contexto histórico de la “Pequeña Consagración”
Esta oración, conocida también como “Oh, Señora mía”, se cree que fue compuesta alrededor del siglo XVI .

Recordemos que en siglo XVI, Europa se encuentra en la transición entre Edad Media y Renacimiento.

La Pequeña Consagración se convirtió posteriormente en la oración oficial de las Congregaciones Marianas nacidas al amparo de la Compañía de Jesús. Es por este camino cómo llegó a Schoenstatt. Recordemos que en el origen de Schoenstatt está la fundación de la Congregación Mariana, dependiente de Ingolstatt, en Baviera.

También otras comunidades marianas en la Iglesia rezan a menudo la Pequeña Consagración, por ejemplo, la Legión de María. Pero, como decíamos al inicio, su uso está difundido ampliamente en el pueblo católico.

En la versión española que rezamos de la Pequeña Consagración en Schoenstatt, se introdujo, durante el tiempo que estaba el fundador en Milwaukee y con su consentimiento, un pequeño agregado. En la versión original se dice: “ Guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya”. En español decimos: “ Guárdame, dfiéndeme y utilízame como instrumento y posesión tuya”. Este pequeño cambio es significativo, pues introduce en la oración el elemento misionero y apotólico.Destaca que nuestra entrega a María nos compromete con ella en la construcción del reino. No somos sólo posesión de María, sino también, expresamente, sus instrumentos. Con esto acentuamos que María está cooperando siempre con Cristo y por ello también quiere que los que se entregan, trabajen con ella en la viña del Señor.

NUESTRA VIDA DE ALIANZA SEGÚN LA Pequeña Consagración
La Pequeña Consagración, desde el inicio, se convirtió para los miembros de Schoenstatt en la forma cotidiana de renovar la alianza de amor. De algún modo, en la actualidad, prácticamente casi nos identifica como Familia. Después del Padre nuestro y del Avemaría, sin duda es la oracion que más rezamos en Schoenstatt.

Reflexiones:
Comenzamos nuestra oración llamando a María Santísima: “ Señora mía” y “ Madre mía”. Al decirle “Señora”, reconocemos su realeza y su poder. Ella es nuestra Reina junto a Cristo Rey. Pero también es nuestra Madre, una Madre que tiene poder de Reina, porque el Señor lo ha puesto en sus manos,para que eela pueda cumplir la misión que él le confió desde lo alto de la cruz. Pero una Reina que es Madre, que está investida del poder del amor y de la misericordia.

Agregamos el calificativo de “mía”, expresando con ello la calidez de nuestro amor filial.

La alianza de amor sellada con María, hace que la sintamos cercana,muy junto a nuestro corazón.

También nos dice: “Hijo mío, sí, yo soy tu madre y tu reina, y tú eres mi hijo querido”.

“Yo me ofrezco”, es decir, nos damos, nos regalamos, nos consagramos a ti. Con ello reiteramos nuestra pertenenecia a ella. “Soy tuyo, Madre”, “Soy todo tuyo”. La alianza de amor es una mutua pertenencia de uno al otro.

Continuamos nuestra oración diciendo: “En prueba de mi filial afecto, te consagro en este día”. Buscamos probar nuestro amor, demostrárselo con hechos. Es nuestro amor de hijos el que queremos manifestar. Le decimos:”en este día”. No hablamos de mañana o de un futuro indeterminado, sino de un “aquí y ahora”, en este día, en nuestro quehacer cotidiano. Queremos darle pruebas con nuestro comportamiento y fidelidad en este día de trabajo.

El amor es concreto, no se queda en lo general. Por eso agregamos las cosas que estamos dispuestos a consagrarle: “mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón”. Hasta llegar a decir ”en una palabra todo mi ser”.

“Te consagro es este día mis ojos”. Nuestros ojos le pertenecen a ella. Quieren ser “ojos marianos”; nuestra mirada una “mirada mariana”, digna de ella. Le decimos así que queremos aprender a ver, en lo pequeño y en lo grande, la mano del Dios providente y redentor.

¿Es nuestra mirada una mirada mariana?
No sólo le consagramos nuestros ojos, sino también , decimos: mis oídos. Imagen de María que nos revela el Evangelio es la de alguien que sabe escuchar, que pregunta. Así la vemos en la escena de la anunciación..

Le consagramos a la Virgen nuestros oídos, para que aprendan a escuchar su voz y la voz del Señor.

“Escuchamos las “voces del tiempo, del alma y del ser”? ¿Nos dejamos tiempo para escuchar las voces del Dios? ¿ Reparamos en ellas? ¿Las escuchamos también cuando parecen contrariar lo que nosotros deseamos? María dijo a los siervos en Caná: “Haced lo que él os diga…” Lo mismo nos repite ahora a nosotros. Le consagramos a María Virgen nuestros ojos,,oídos y, agregamos, mi lengua . Es decir, todo lo que hablamos, y también lo que no expresamos con palabras, pero sí con gestos y actitudes.

Las palabras de María que nos ha legado el Evangelio son poca, pero llenas de sentido. Palabras que determinan la historia: “He aquí la sierva del Señor, que se haga en mí según tu palabra”. Palabras que resuenan de generación en generación: “ Mi alma glorifica al Señor”, “Mi espíritu salta de gozo en Dios mi Salvador”. Palabras que nos ha transmitido su voluntad:” Hagan lo que él les diga”. Palabras que ella continúa repitiendo en el cielo al interceder maternalmente por nosotros:”No tienen vino”.

“De lo que abunda el corazón, dice el Señor, habla la boca”. ¿Expresan nuestras palabras y nuestros gestos un espíritu mariano? ¿Habla María a través nuestro?

Después le consagramos a María lo más importante. Le decimos: te consagro”mi corazón” . Al entregarle nuestro corazón le entregamos lo más profundo e íntimo que poseemos. La historia de nuestra vida es la historia de nuestro corazón, dice el P. Kentenich. Por la consagración la entronizamos como reina de nuestro corazón. Le abrimos sin reservas nuestro corazón, con sus miserias y sus riquezas, para que ella lo reciba en el suyoy lo haga más puro, más cálido, para que en el suyo se acrisole, para que lo convierta en un corazón semejante al suyo.

Por último decimos “en una palabra, todo mi ser” . Todo lo nuestro: nuestro cuerpo y nuestra alma; nuestras manos y nuestros pies; nuestros instintos; nuestra inteligencia y nuestra voluntad; nuestro trabajo y nuestro descanso; nuestras alegrías y nuestras penas; nuestra riqueza y nuestra pobreza, nuestros bienes; nuestras cosas; los seres queridos; todo se lo consagramos a ella, todo le pertenece a ella. Nuestra existencia íntegra es suya, para que siendo de ella, todo sea del Señor y en él, por el Espíritu Santo, de Dios Padre.

Nos hemos consagrado a María, a quien es ”Madre de bondad”, Reina de misericordia y refugio de los pecadores. Por eso agregamos ahora: “guárdame, defiéndeme y utilízame como instrumento y posesión tuya”.

Pedimos a María que nos resguarde, que no permita que caigamos en tentación, que nos defiendadel maligno y extienda sobre nosotros su manto protector. Sabemos que “un hijo de María jamás perecerá”: por eso no nos angustiamos ni atemorizamos, sabemos a quién nos hemos entregado.

“Utilízanos como instrumento y posesión tuya”. Si somos posesión suya, entonces ella puede valerse de nosotros para lo que desee. Puede trabajar con nosotros en la viña del Señor, en cosas simples y cotidianaso en cosas difíciles y riesgosas. Por la consagración nos ponemos al servicio de María y del Señor. Queremos ser para ella un instrumento dócil y dispuesto, que sabe posponer proyectos o necesidades a lo que ella nos pide.

Estamos consagrados a María, marcados con su sello.

Textos del P. Kentenich

Através de ella nos hace saber que dejamos de recibir las muchas gracias que nos son otorgadas por su intermedio, porque no se las pedimos. Escuchemos atentamente y meditemos las palabras textuales: “ Estas piedras preciosas son las gracias que nadie me pide”. No dice simplemente: que nadie pide. No es posible destacar más claramente su propia persona, su tarea y su interés por nosotros.

(P. Kentenich, Pláticas de Cuaresma, Milwaukee, 1964)
Del Libro La Alianza de Amor con María. Padre Rafael Fernández de A.

Secretariado Padre José Kentenich
Santuario de San Isidro
“Hijos del Padre”

Boletínes

N° 139 del 18 de Octubre al 18 de Diciembre de 2018

Shoenstatt

Video

Galeria de Fotos

Publicaciones Anteriores