Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

MARIA, EL MODELO POR EXCELENCIA*

March 07 de 2014

Muchas podrán pensar que es una meta inalcanzable en nuestros días... ¿Cómo vamos a poder llegar a ser María y a formar pequeñas María a nuestro alrededor? La pregunta es razonable, pero, ¿arde realmente nues¬tro corazón? ¿Nos dirigimos realmente hacia las estrellas más altas si pretendemos imitar a María? No ha duda que la tarea es inmensa y que la pequeña María no crece de hoy a mañana.

Sin embargo, pensemos una vez cuán grande, cuán prometedor para el futuro sería que hoy hubiesen niñas y mujeres que caminaran por la vida impulsadas por esta orientación excelsa hacia el modelo por excelencia de toda mujer, revestidas de la dignidad y resplandor singular de María; el corazón profundamente sumergido en Dios y entregada! abnegadamente a su prójimo.

¿No aportamos en modo una contribución esencial a la salvación de la imagen de la mujer querida por Dios, en las dificultades y caos del tiempo? Hoy parece haberse perdido completamente el tino y la comprensión de lo que el valor primario de la mujer, de la virgen-madre. Este mundo demasiado masculinizado desmiente su origen tanto la límpida fuente de la pureza virginal como el seno maternal que concibió y dio a luz al Hijo de Dios para que todos los hombres le sirvieran.

La mujer ante a una perspectiva netamente masculina
Según la voluntad del Dios Creador, el hombre y la mujer debían complementarse y perfeccionarse mutua¬mente. El varón fue llamado a labrar el jardín del cos¬mos, a desentrañar el nombre de las cosas y a extender su brazo al mundo. Diferente ocurre con la mujer. Su oficio no consiste en funciones sino en el ser, en su naturaleza. Vinculada en su esencia al Espíritu Santo, ella es la que «da vida y protege lo que se interna hasta las profundidades del ser, transmitiéndolo a la humanidad». Hoy consintamos con inequívoca claridad que la mujer ha traicionado su esencia y que tolera que el varón determine todo en ella. El varón es la norma ante la cual la esencia de la mujer se siente como algo de menor valor y ante quien tiene ella que justificarse en cierto modo.

Henos pagado muy cara está determinada visión de la vida partiendo de la perspectiva netamente masculina. Normas totalmente erradas en lo que toca a éxito, productividad, virtudes y progreso derivan de este monopolio del varón.

Muchos orientadores modernos atribuyen la catástrofe histórica del tiempo actual a la atrofia de “el eterno femenino” en la humanidad. Opinan que se ha visto

claramente que la excesiva acentuación del lado mas¬culino ha levantado marejadas de odio y oleadas de veneno; ha creado interminables campos de escombros y cadáveres, como asimismo dio cauce al ilimitado mar de sangre y de lágrimas... La mujer ya no actúa al lado del hombre regulando y moderando sino desequili¬brando a aquellos que son hombres auténticos.

Necesidad de la verdadera feminidad
Tenemos la impresión que bajo el título de heroicidad y bajo la máscara de la así llamada "imagen del hom¬bre" se ocultaron los incapaces, los que quieren ser fuertes y, sin embargo, son débiles. Ya alrededor de 1800, decía Johann Michael Sailer que el mejor encabeza¬miento del evangelio de lo moderno sería: "El hombre, su propio “redentor". Sin embargo, los cálculos del hombre y el balance de Dios no concuerdan. Nadie puede redimirse a sí mismo. Y así, en este "tiempo sin salvación" resuenan los cascos del jinete apocalíptico, retumban las guerras, hambre, miedo, terror, muerte, desesperación. ¿Quién le traerá la salvación?

Este mundo sólo podrá sanar si vuelve a despertar "su otra mitad" el eterno femenino, que introduzca a la humanidad en los orígenes divinos. La humanidad de hoy debe volver a conocer la verdadera feminidad que, con la Santísima Virgen, se abre para concebir de lo alto y recibir al Hijo de Dios.

*Tomado del libro «María si fuéramos como tú»
P. Kentenich.

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