Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

PASION POR LA MISION

September 10 de 2013

Al finalizar este año de la Misión, queremos Madre tres Veces Admirable de Schoenstatt pedirte que nos regale la gracia desde el Santuario de tener Fe en la misión para poder pasar a tener pasión por la misión.

¡Echen las redes!

El siguiente texto ha sido tomado de la alocución final de una jornada de jefas de la Liga de fines de 1945. Es un claro ejemplo y testimonio de cómo el P. Kentenich se dirige a los laicos para despertar en ellos el espíritu apostólico, la conciencia de la vocación y la pasión por la misión. Se basa plenamente en las Sagradas Escrituras, así como lo hiciera el papa Juan Pablo II con el lema "Duc in altum" en el umbral del nuevo milenio.

El P. Kentenich invita a descubrir en la propia vida y en la historia del Movimiento las huellas de la conducción divina. Para él es importante que nuestra fe en la misión no repare en apariciones sino que transite el camino de la fe práctica en la Divina Providencia. En este contexto expresa su gran valoración del servicio de los cronistas y alienta a ocuparse diligentemente con la historia de la fundación y generar así una fuerte conciencia histórica en el Movimiento.

He sido en enviado, hemos sido enviados, la Familia ha sido enviada. Quizás se nos diga que hacemos demasiado aspaviento con nuestra misión. ¿Qué responderemos? ¿Acaso los apóstoles y profetas no recordaban una y otra vez su misión? Nosotros mismos nos asombramos de nuestra misión, de modo similar a como le sucedía a la Sma. Virgen: "¿Cómo puede ser eso?" "Y se preguntaba qué significaría tal saludo". Posiblemente nos preguntemos a veces: "¿Cómo puede ser que una familia tan pequeña reciba una misión de tal envergadura? Y yo, con mis miserias y debilidades, ¿he de integrarme a esa gran corriente misionera?"

Quizás este planteamiento nos cueste luchas interiores, y tantas que desearíamos hacer nuestras las palabras del profeta: "No puedo, no sé hablar, soy inútil." Quizás nos sintamos débiles e inútiles, y se lo digamos una y otra vez a la Sma. Virgen; sin embargo estamos convencidos de nuestra elección. Y ante todo el mundo sostenemos con inquebrantable fe en la misión: "He sido llamado". Cuando estemos entre nosotros, embebámonos, por decirlo así, de esa santa conciencia de misión. Todos nosotros hoy, ¿no deberíamos decirnos unos a otros aquellas palabras de san Juan Evangelista: "¡Es el Señor!"?

Sentimos un íntimo estremecimiento en el alma al reconocer que el Señor nos ha elegido para una tarea apostólica de tal profundidad. El Señor nos dice que echemos las redes. "Como el Padre me envió, así también yo los envío a ustedes". Y nosotros acatamos sus palabras con honda humildad y gratitud. Hoy volvemos nuestros ojos al pasado y contemplamos las huellas divinas no sólo en la propia vida sino en todo el acontecer de la historia de nuestra Familia. Sí, mi querida Familia de Schoenstatt, ¿no les parece que debería ser una segunda ocupación favorita recolectar todos los documentos de la Familia que lleguen a nuestras manos? Eso nos dará oportunidad de interpretar todos los hechos a la luz de la fe, será una ejercitación en la fe práctica en la Divina Providencia.

Tenemos la tarea de escribir la historia de cada instituto con fidelidad, estudiarla y contemplarla como un fragmento de nuestra propia historia personal. Deberíamos ser expertos en esta área y ver con claridad cada hecho, pero sobre todo tener siempre presente el luminoso y radiante pensamiento: Dios está en la historia de nuestra Familia.

Recordemos siempre que en nuestra Familia todo se mueve en el plano ordinario de la gracia, y así ocurre también en relación con nuestra misión. Por eso no esperemos que llegue a nuestros oídos un llamado extraordinario desde el cielo, sino tengamos siempre memoria de la historia de nuestra Familia. Así lo hicimos ya luego de la [Primera] Guerra Mundial y reparen en cómo se cumplieron aquellas condiciones para demostrar la divinidad de la misión: "Pequeñez del instrumento, grandeza de las dificultades y grandeza del éxito."

Agradezco a todos los que se han esforzado por escribir con fidelidad la historia de la Familia, tanto en Dachau como aquí. Los que se han puesto a disposición para trabajar a tiempo completo en esa labor, quizás deberían acostumbrarse a escribir diariamente todos los acontecimientos realizando el correspondiente discernimiento crítico. Observen lo que pasa en una comunidad religiosa tradicional, qué difícil es encontrar un cronista para cada una de sus casas. Sin embargo eso es importante porque los acontecimientos históricos son letras que ha escrito el Dios vivo y que tarde o temprano deben ser leídas y comprendidas cabalmente. Así pues confiamos en que, acatando el mandato del Señor, la red que hemos tomado en manos será llevada afuera y echada en alta mar. El mar se encrespa y aborrasca. Mientras otras comunidades cavilan sobre qué hacer, nosotros (¡gracias a Dios!) estamos juntos, no sólo físicamente, no sólo provistos de una estructura que se integra adecuadamente al organismo de la familia, la parroquia, la diócesis y toda la Iglesia, sino sobre todo pertrechados con una inconmovible fe en la misión, con una pasión por la misión si-milar a la que tuvieran los apóstoles.

Luego de haber velado toda la noche sin haber pescado nada, llega un desconocido. Hace falta fe para aceptar sus palabras y echar de nuevo las redes. Ahora somos nosotros los pescadores, con nuestras miserias y debilidades, y sin embargo navegamos mar adentro en alas de la pasión por la misión. Si hay una gracia que imploramos por intercesión de nuestra Madre tres veces Admirable, ésa es la gracia de la pasión por la misión, pero también la de una fe inconmovible en la Divina Providencia: he aquí los pilares de todo nuestro pensamiento; que ellos sean el norte de toda nuestra vida.

Hoy 10 de septiembre de 2013, podemos celebrar con alegría que un hombre, sencillo, Don Joao Luiz Pozzobon, esposo, padre de familia, haya vivido y aceptado el llamado a la misión. La vivió con pasión, son 63 años de la campaña de la Virgen peregrina. La corriente de gracias que desde EL santuario llega a todas las familias en el mundo entero. El fuego del Espíritu arde en el corazón de cada misionero, que con su SI fuerte y silencioso, camina hacia los 100 años de Schoenstatt con la alegría de una fe en la misión.

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