Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

«Por favor, no se guarden la herencia en la vitrina para mostrársela a las visitas»: Papa Francisco

August 11 de 2013

Ordenando sus “papers”, Claudia Echenique del equipo de schoenstatt.org, de Buenos Aires, encontró una homilía de Mons. Jorge Bergoglio, de 1999, en una misa con los Movimientos laicales, a la que asistieron personas del Movimiento de Schoenstatt. En 1999, Mons. Bergoglio aún no era Cardenal y hacía sólo 1 año que había asumido como Arzobispo de Buenos Aires. Mons. Bergoglio habla del pedido de Moisés a Dios: "Señor, conviértenos en tu herencia" (Ex. 34,9) Menciona que "la herencia es un regalo gratuito para regalar a otros, que no debemos guardarla en las vitrinas sino salir a la calle". Destaca que los movimientos son también "pastores de gente, de pueblo, que participan del pastoreo del Obispo". Y una frase muy fuerte que dice es: "¡Qué triste es cuando un movimiento se enferma y en vez de ser pastores de pueblo, se convierten en "peinadores de ovejitas y se pasan en las reuniones "maquillándose el alma". Por último, nuestro actual Papa Francisco, pide a Dios "la gracia de la fecundidad para transmitir aherencia".

- Pienso en todo el tesoro que nos dejó el Padre Kentenich y nuestro compromiso con él: «Padre, tu herencia, nuestra misión»-, comenta Claudia Echenique. -¡Que frase tan “schoenstattiana” es esta: “La gracias de fecundidad para transmitir la herencia”. Es la tercera gracia del Santuario!! Pienso en la Campaña del Rosario, en las Misiones familiares, en las Voluntarias de María en los hospitales, en los proyectos sociales en Paraguay y tantos otros que desde lo pequeño, hacen cada día su aporte a la misión.-

- “Es como para poner en schoenstatt.org con letras de oro”, propone un participante de la Conferencia 2014. “Programático y algo que nos dice de lo que probablemente nos proponga en el 2014…”-

Publicamos aquí con «letras de oro» esta conferencia de quien ahora es nuestro Papa Francisco:

Desgrabación de la Homilía de Mons. Jorge Bergoglio a los Movimientos laicales

Sábado 29 de mayo de 1999 - Fiesta de la Santísima Trinidad

Escuchamos en la primera lectura, la humilde petición de Moisés después de haberse encontrado con Dios: “Señor, conviértenos en tu herencia” (Ex. 34,9). Así le pidió él a Dios: “nosotros, tu pueblo, queremos ser tu herencia”. Ese pedido es conveniente que hoy lo hagamos todos juntos aquí, los movimientos y las instituciones diocesanas, que nos hemos reunido para celebrar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

«Queremos ser tu herencia»
¿Qué heredamos? Heredamos la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. La gracia de Nuestro Señor Jesucristo porque todo ha sido gracia a través de Él. Todo lo que somos, lo que recibimos es gracia, y mucha. Derroche de gracia, derroche de gratuidad. Debemos ser conscientes que heredamos esa gracia.

El amor del Padre
No caminamos solos en este mundo. Caminamos con un Padre que nos acompaña, que nos acompaña como persona, que nos acompaña como movimiento y como institución, que nos lleva de la mano, que nos conduce el corazón.

La comunión del Espíritu Santo
No caminamos solos, caminamos juntos y en comunión. La diversidad de cada uno de nosotros, la diversidad de nuestros movimientos e instituciones forman uno. No en una uniformidad sino en la variedad tan prolífica del Espíritu Santo que armoniza esos carismas, que Él distribuye a través de todos nosotros.

La petición nuestra: “Señor, conviértenos en tu herencia”
Queremos ser herencia de la gracia de Jesucristo, del amor del Padre y de la comunión del Espíritu Santo. Pero eso sí: queremos heredarla en su más genuina esencia. Queremos heredarla sin malversarla, sin echarla a perder.

Si esto es un regalo, es un regalo para regalar.
Es una herencia, no para alimentarnos a nosotros mismos, usarla y después que no me importe más, “que sea lo que Dios quiera”. Es una herencia para dejar en herencia. Y dejar en herencia todos los días de nuestra vida. Y el ser de un movimiento y de una institución es heredar para dar herencia, es recibir regalo para regalar. Es recibir la gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu para darlo a los otros. ¡¡Así tienen sentido los movimientos!!

Los movimientos y las instituciones diocesanos tienen esa participación en el pastoreo del Obispo, tienen algo de pastores. Pastores de gente, de pueblo. ¡¡Qué triste cuando un movimiento o una institución se enferma y en vez de ser pastores de pueblo, se convierten en “peinadores de ovejitas” y se pasan todo el tiempo en las reuniones “maquillándose el alma”!!

¿Cuántos “maquilladores” hay? No sé, esperemos que sean pocos. Pero qué daño nos hacen aquellos que viven para “mirarse el ombligo” (mirarse a sí mismos) y no salen a misionar. No salen a dar la herencia que han recibido gratuitamente por pura gracia de Jesucristo, por puro amor del Padre en comunión con el Espíritu Santo.

¡Cuidado! Cuidado con las élites. Las élites se cierran en la burbuja, pierden el horizonte misionero, pierden el empuje, pierden el coraje. Las instituciones y movimientos tienen que dar la herencia. Ustedes me preguntarán: “Padre, ¿dónde?” En la calle, en la calle. Allá donde se está jugando la vida de nuestra ciudad. Allá donde se juega la salvación eterna de hombres y mujeres. Allá donde se juegan los valores. Allá donde muchos chicos, ya desde muy pequeños, pueden empezar a tomar un camino que los va a hacer muy infelices el resto de sus vidas. La calle es el lugar teológico de los movimientos y de las instituciones. Ahí es donde tienen que sacrificarse, regalando el regalo recibido, transmitiendo la herencia que gratuitamente han recibido.

En este día de encuentro en que gozamos del regalo de la gracia de Jesucristo, del amor del Padre y de la comunión del Espíritu Santo; en este día de encuentro, en el que le pedimos como Moisés a Dios “Señor, conviértenos en tu herencia”, también le pedimos la gracia de la fecundidad para transmitir esa herencia.

Como Obispo les pido: Por favor, no se guarden la herencia en la vitrina para mostrársela a las visitas. Llévenla a la calle, busquen horizontes misioneros, “juéguensela” todas los días, que esta herencia, que tan gratuitamente hemos recibido, sea fermento de esta ciudad.

Los encomiendo a la Virgen, nuestra Madre, la primera que recibió la herencia de la Redención. La primera que supo lo que era la gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. A Ella le pido que los empuje, que los empuje afuera, que no les permita que se “embichen” (1). ¡Cuidado! Que como buena Madre, los saque a llevar el mensaje, a pelear por la salvación de tanta gente, por el crecimiento de nuestros chicos y jóvenes. Que Ella los acompañe, Que así sea.

(1) “Embichen”: expresión argentina de las zonas rurales que significa “que no se les llenen las heridas de larvas o gusanos por quedarse quietos, inmóviles”.

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