Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Rincón de la Virgen de Schoenstatt

PENTECOSTES 2013

May 19 de 2013

PENTECOSTES
LA HORA DE LOS DONES, DEL APOSTOLADO

Tempranamente se desarrolló la idea de que el Santuario de Schoenstatt era comparable al "aposento alto" donde, según testimonio del libro de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos estaban reunidos con la Sma. Virgen y con otras mujeres, implorando en la oración el Espíritu que Jesús había prometido. Luego de la Segunda Guerra Mundial esa idea era tan viva que en los sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también en las filas de los palotinos, surgió la iniciativa de colocar el símbolo del Espíritu Santo en el presbiterio del Santuario. Allí había de ser una continua invitación a entender el Santuario como un Cenáculo donde los fieles se reúnen en torno de la Reina de los Apóstoles, imploran el Espíritu Santo y se preparan para asumir la labor misionera.

El P. José Kentenich procuró incesantemente suscitar en su comunidad una fuerte fe en la misión, tal como él la contemplaba en san Pablo y en la Iglesia primitiva. La observación de que el cristianismo de su tiempo había perdido la fuerza motriz de una viva conciencia de misión lo lleva a acentuar que la fe en la misión y la pasión por la misión es parte de la esencia del cristianismo. Una y otra vez aparece este motivo en las homilías y conferencias que pronunciara para jóvenes y adultos. Quería despertar una firme conciencia de la responsabilidad que se tiene por el futuro del cristianismo y de la Iglesia, y arraigar y asegurar en su familia espiritual la fe en la misión y el entusiasmo por la misión.

En esos textos se percibe claramente su propia pasión por su misión. Con el concepto de misión se inaugura también para el P. Kentenich una visión original de la Sma. Virgen. En efecto, una y otra vez se pregunta por el papel de la Madre del Señor en el plan de salvación y se interesa por descubrir y comprender su misión. Como ninguna otra persona, la Sma. Virgen participa en el acontecimiento de la encarnación de Dios y en la misión del Hijo cuando se cumplió el tiempo establecido. El p. Kentenich ve a la Sma. Virgen totalmente orientada hacia Jesucristo y su obra de redención. A menudo el Fundador describe el papel y misión de la Madre del Señor con las siguientes palabras: "Compañera y Colaboradora permanente del Señor en toda la obra de la redención".

Una y otra vez el P. Kentenich se refiere a la misión de la Sma. Virgen. Él contempla y proclama a la Madre del Señor en su tarea para con Jesús y en su misión para con los discípulos, esta última recibida en el Calvario, junto a la cruz y al discípulo a quien Jesús amaba (cf. Jn 19, 26). Al igual que el autor de los Hechos de los Apóstoles, el P. Kentenich ve a la Sma. Virgen en medio de la Iglesia naciente, implorando el Espíritu prometido; y al igual que el autor del Apocalipsis, como señal en el cielo y garantía de la victoria sobre las insidias del mal. Con espíritu de fe el P. Kentenich expresa su convicción de que la Madre del Señor está comprometida con los discípulos hasta hoy, para llevarlos a Jesús y educarlos como auténticos seguidores del Señor. Allí donde se trate de la formación de los discípulos, allí donde se reúna la Iglesia a la espera de la venida del Espíritu Santo, allí estará la Sma. Virgen siempre en el medio. Porque su misión de entonces es también su misión de hoy y mañana.

En la época anterior a la Segunda Guerra Mundial y en los años de reclusión en el campo de concentración el P. Kentenich mantuvo una actitud reservada para con el concepto "carisma". Pero en los textos de los años siguientes expresa con frecuencia su convicción de una misión carismática de Schoenstatt. Para ello no se basa en ningún fenómeno místico extraordinario, sino en el acervo bíblico, en la experiencia de las cartas paulinas y de la Iglesia primitiva.

En relación con la historia de la Iglesia solía hablar con gusto de una unidad de tensión entre institución y carisma. La institución garantiza más fuertemente la subsistencia y permanencia, mientras que el carisma encarna más el principio dinámico de la Iglesia. El P. Kentenich quería regalarle a la Iglesia un movimiento sustentado en las fuerzas fundamentales del cristianismo y animado en lo más profundo por el Espíritu. El P. Kentenich contemplaba el surgimiento de Schoenstatt en el marco de la historia de la Iglesia y esperaba que llegase a ser fuente de bendición para la Iglesia a lo largo de siglos, tal como lo fueran el movimiento y espiritualidad de benedictinos, franciscanos y jesuitas.

En ocasión de la promulgación de la instrucción Provida Mater Ecclesia (1936) prometió al Santo Padre colaborar para que los nuevos institutos seculares contribuyan al bien de la Iglesia y para que en la labor de preservar el orden social cristiano presten servicios similares a los prestados por las órdenes religiosas tradicionales.

El P. Kentenich considera que su misión es perfeccionar la nueva forma de vida de los institutos seculares y velar por su solidez y vitalidad. Trabajó mucho en el cultivo de una sana autoestima en sus institutos y elaboró con ellos una nueva espiritualidad que capacite para estar disponible en medio del mundo sin la protección obligatoria de un hábito religioso ni de una comunidad obligatoria de techo y mesa. Así pues organiza expresamente sus institutos seculares sin votos, alentando vinculaciones que pueda cultivar cualquier laico y que permanezcan abiertas a un sentimiento laical de vida. Su objetivo era que sus institutos, con sus normas y estilo de vida originales, sirviesen de modelo para laicos comprometidos en la Iglesia y el mundo. Esto no significaba un seguimiento "rebajado" del Señor.

Una y otra vez el P. Kentenich señalaba que la vida en el mundo y el compromiso en medio de circunstancias y condiciones del mundo actual requerían en la formación espiritual una más profunda vinculación interior a Dios, una verdadera "pasión por Dios".

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