Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

June 17 de 2018

Después de haber celebrado todo este Tiempo Pascual, en el cual ahondamos en el sentido de la Muerte y la Resurrección de nuestro Señor; la Iglesia nos ofrece la fiesta de la Santísima Trinidad, es una fiesta en la cual podemos nosotros acercarnos al misterio mismo de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Escuchamos con atención el Evangelio.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final delos tiempos”.

Palabra del Señor.

El texto del Evangelio que acabamos de escuchar, es el final del Evangelio de san Mateo; el Señor resucitado reúne a sus discípulos en Galilea, y los envía a la misión.

¿En qué consiste la misión? Consiste en que los discípulos hagan partícipes, podríamos decir así, alguna manera atrevida, hagan partícipes a todas las gentes del misterio de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. A lo largo de la historia especialmente en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento ya con plena claridad, Dios se fue manifestando, se fue revelando como un dios que como dice San Juan Pablo II: “En su intimidad, no es soledad, sino familia; es Padre, Hijo y Espíritu Santo”. Es lo que nosotros llamamos, la Santísima Trinidad.

Esto es importante, entenderlo Dios en su esencia misma es comunión, comunión que nace del amor y por eso, cuando el Señor envía a sus discípulos, a que bauticen a todas las naciones, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, está indicando que todos los seres humanos estamos llamados a participar de una manera muy especial; en ese misterio mismo de Dios y por lo tanto, a vivir en el amor y en la comunión.

Un padre de la Iglesia afirmaba: “Que la Iglesia toda, está constituida a imagen de la Santísima Trinidad; porque es comunión, comunión con Dios, comunión con los hermanos, es amor por eso, Dios amor, nos invita hoy de una manera muy especial a que nosotros entendamos que participamos de su vida, la hemos recibido en el bautismo, pero que esa vida tenemos que expresarla y realizarla en la vivencia del amor; un amor concreto, un amor que se traduce en la práctica, en el perdón, en la reconciliación, en la construcción de la paz. Porque Dios no es un dios teórico, no es un dios abstracto.

Creer en la Santísima Trinidad, no es creer en una teoría, es conocer y reconocer que Dios está presente en medio de nosotros; que es un Padre que nos ama con un inmenso amor, amor de misericordia y de perdón. Un hijo que es nuestro Señor Jesucristo, que asumió nuestra naturaleza humana, nuestra condición humana, menos el pecado y que con su Muerte y su Resurrección nos dio la vida, por medio de la efusión del Espíritu Santo.

Por lo tanto, participar en el ministerio de Dios, es participar en la vida misma de Dios y es vivir nosotros concretamente en nuestra realidad de todos los días, ese misterio de Dios amor.

Que la fiesta de la Santísima Trinidad, nos lleve a querer conocer un poco más ese misterio de Dios, a adentrarnos en ese insondable misterio de amor y de comunión, que es Dios para que nosotros seamos capaces de reflejarlo en nuestra vida de todos los días; que seamos personas agentes de comunión, instrumentos de comunión, instrumentos de comunidad, que la comunión que es lo que nos une profundamente a todos, se traduzcan en auténtica vida de comunidad. Y que así podamos nosotros llevar al mundo, un mensaje claro. ¿Por qué? Porque el mundo, es un mundo cada vez más fragmentado, cada vez más dividido, cada vez al borde permanente de la guerra, como dice el Papa Francisco: “Una guerra vivida a pedazos por todas partes del mundo”. En ese mundo, nosotros tenemos que ser mensajeros de comunión, de amor, de paz, que la Santísima Trinidad el Padre, Hijo y Espíritu Santo los bendiga abundantemente.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.