Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

March 11 de 2018

En este domingo IV domingo de Cuaresma, la Palabra el Señor nos invita a que abramos nuestros ojos, salgamos de nuestra ceguera y permitamos al nuestro Señor que Él nos dé su luz. Escuchemos con mucha atención.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se le untó en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)”. El fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ese el que se sentaba a pedir?”. Unos decían: “El mismo”. Otros decían: “No es él, pero se le parece”. Él respondía: “Soy yo”. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado, el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé y ahora veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Y estaban divididos y volvieron a preguntarle: “Y tú ¿qué dices que te ha abierto los ojos?” Él contesto: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a lecciones a nosotros?” y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?”. Él contesto: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es”. Él dijo: “Creo Señor y se postró ante Él”.

Palabra del Señor.

Nos encontramos con el relato de la curación por parte del Señor Jesús de un ciego. Un ciego de nacimiento, es un relato profundo que vale la pena que nosotros lo veamos una y otra y otra vez. Porque tiene aspectos importantes los que están en este relato para nuestra vida, para nuestra relación con el Señor y con los demás. Yo quisiera simplemente, hacer unas pequeñas reflexiones: La primera, ¿Qué es la ceguera? Nosotros, no tenemos la experiencia si no hemos sido ciegos; pero indudablemente, sabemos que cuando no hay luz, en la oscuridad por ejemplo, pues no sabemos dónde estamos, porque perdemos el sentido del espacio, perdemos el sentido de las cosas, no las descubrimos; es decir, la oscuridad nos trae a nosotros, la incapacidad de orientación, y por lo tanto, de saber hacia dónde vamos o de dónde estamos y de dónde venimos.

Esa es la imagen de la ceguera, pero la ceguera física es una imagen de la ceguera espiritual, que es lo que nos pasa a nosotros, cuando nos dejamos totalmente envolver por las tinieblas, del error de la mentira, del pecado.

¿Qué es lo que nos pasa a nosotros cuando desafortunadamente nos dejamos convencer? Podríamos decirlo así, dejarnos convencer por el mundo en que nos rodea, en esa invitación al egoísmo, al hedonismo a que sigamos solamente nuestras pasiones y nuestros caprichos. ¿Qué lo que nos pasa? Lo mismo, como si cayéramos en una oscuridad total, perdemos el verdadero sentido de nuestra existencia, no sabemos ni dónde estamos, dónde venimos y a dónde vamos; nos sentimos de tal manera envueltos por esta mentira, que hace imposible el que nuestra existencia tenga sentido.

Vivimos día a día, cada vez más golpeados por la realidad que nos rodea; cada vez más aturdidos por el placer, por el dinero, por los odios, por las envidias, por los rencores y esto hace que la existencia verdaderamente pierda sentido; se vuelva como decía un filósofo francés: “Una pasión inútil”.

¿Qué es lo que el Señor nos ofrece? El Señor nos ofrece su luz y por lo tanto, salir de esas tinieblas. ¿Y cuál es la luz que el Señor nos ofrece? Es sencillamente, el hacernos tomar conciencia, de que estamos llamados al amor, al auténtico al verdadero amor de Dios. Él es un padre que nos ama, es un padre misericordioso, es un padre tierno, que nos ayuda que permanentemente nos acompaña a lo largo de nuestra existencia y por lo tanto, que nuestra relación con Él tiene que ser una relación de confianza, de entrega, de respuesta generosa a su amor misericordioso. Y a la luz de esa realidad, entonces vamos a descubrir quiénes son los demás; los demás son nuestros compañeros de camino, personas humanas con una dignidad única e irrepetible; que no se puede de ninguna manera irrespetar, que no se puede violentar y por el contrario, se está haciendo una reflexión clara sobre la identidad de los demás, vamos a ser capaces de sentir amor, deseo de ayudar, deseo de tender la mano, de ser verdaderamente solidarios y fraternos. Esto es lo que nos da la luz que el Señor nos da en el bautismo; nosotros hemos recibido esa luz ustedes recordarán y lo vamos a repetir la noche de la Vigilia Pascual, que en el bautismo se nos entregó un cirio encendido, que es el signo de la luz de Cristo que debe iluminar nuestra vida.

Dios permita que a lo largo de nuestra existencia, estemos siempre iluminados por la luz de Cristo y teniendo en cuenta, lo que acabo de decir, yo quisiera que no perdiéramos el sentido de lo que estamos hoy realizando en nuestra patria. Hoy son las elecciones para el Congreso, qué bueno que no nos dejamos llevar por las tinieblas de la mentira, el engaño, que no nos dejáramos llevar por el odio, por los deseos de venganza, que no nos dejáramos llevar por intereses personales, partidistas, grupales, sino que fuéramos verdaderamente capaces de discernir cuál es el bien para nuestra patria, y fuéramos capaces por lo tanto, de votar por aquellas personas que pueden verdaderamente hacer que Colombia se dirija por senderos de fraternidad, de solidaridad, de justicia, de paz.

Pidamos al Señor que nos ilumine para que podamos orientar nuestra vida por los caminos de la justicia y de la paz y que seamos capaces en estas elecciones de elegir aquellos que puedan ayudar a que nuestra patria, siga adelante venciendo las dificultades, dificultades extremas causadas por la injusticia y por la violencia y podamos construir juntos un mundo nuevo.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.