Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

January 14 de 2018

Estamos hoy iniciando el Tiempo Ordinario en la liturgia; el domingo pasado con la fiesta de la Epifanía terminamos el Tiempo de Navidad. Empieza el Tiempo Ordinario que son los domingos que no son ni de Adviento y Navidad, ni de Cuaresma y Pascua sino es el resto del año; es un tiempo muy bonito porque en él vamos a poder profundizar cada vez más en el sentido de nuestra fe. Escuchamos con atención la palabra de Dios.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que los seguían, les pregunta: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “Rabí (que significa maestro) “¿Dónde vives?”. Él les dijo: “Vengan y vean”. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón Pedro y le dice: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)”.

Palabra del Señor.

En este domingo, la Iglesia quiere que nosotros tomemos conciencia, de que hay tres realidades fundamentales en nuestra vida, que tienen que ver con nuestro seguimiento del señor Jesús. En primer lugar, los discípulos escuchan a Juan el Bautista, que señala a Cristo presente. Nosotros hemos recibido nuestra fe de la Iglesia; la Iglesia es la que nos ha anunciado a Jesucristo y por lo tanto, si nosotros conocemos a Cristo y si nosotros somos discípulos de Cristo, es porque somos hijos de la Iglesia y tenemos que vivir esa vida como Iglesia, como Iglesia. No podemos permitirnos el lujo porque sería un medio suicida, de pretender tener una relación directa con Dios sin pasar por la Iglesia. Toda nuestra relación con Cristo, es relación con la Iglesia y tenemos que estar agradecidos con la Iglesia, de que nos haya dado el Evangelio de salvación.

Pero hay un segundo elemento, y es que nosotros recibimos ese mensaje de la Iglesia y fuimos personalmente a buscar al Señor; esta búsqueda personal es fundamentalmente importante, no basta el ser miembro de la Iglesia no basta recibir la fe de la Iglesia; no, tenemos que hacer que esa fe que recibimos de la Iglesia se haga una fe personal, es decir, que haya un conocimiento personal de Cristo Nuestro Señor que lo conozcamos, que lo amemos, que lo sigamos como una decisión propia; como una decisión mía, que nadie puede hacer por mí, sino yo mismo tengo que hacerlo. Los Santos Padres y especialmente santo Tomás de Aquino lo hizo de una manera mucho más clara, más precisa, hablan de una opción fundamental en la vida; esa opción fundamental es la opción por Cristo; por ser discípulo de Cristo, por seguir a Cristo en la Iglesia pero, en una opción personal también por Él.

Y en tercer lugar, se nos dice que los discípulos después de que encontraron al Señor y Él os invito a ver dónde vivía, se quedaron con Él. Esto es bien lindo, la vida cristiana es un estar con el Señor; ser discípulo del Señor es estar en relación con Él es escuchar su palabra, es crecer en el amor a Él y a los hermanos; es vivir cada vez más unido a la comunidad eclesial. Hay que permanecer en el amor, permanecer en la fe, permanecer en la esperanza y para eso, es necesario un trabajo permanente todos los días, tenemos que descubrir los como discípulos del señor todos los días tenemos que caminar con la Iglesia juntos siguiendo al Señor; para que esa manera podamos llevar el testimonio del evangelio a todos los seres humanos.

Pidamos al Señor que Él permita que nosotros lo comprendamos, lo amemos, lo escuchemos; que cada día nos unamos más profundamente a Él en una relación profunda de amor.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.