Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

December 03 de 2017

Hoy empezamos un nuevo Tiempo Litúrgico, es el tiempo de la Navidad precedido por el Adviento. La palabra Adviento es una palabra que viene del latín que significa: “llegada”. Es la preparación inmediata para la Navidad, que es la llegada de nuestro Señor Jesucristo que siendo el hijo eterno del Padre, se hace hombre para que salvarnos a todos y cada uno de nosotros.

Es un tiempo muy hermoso, este tiempo de Navidad y es el tiempo de Adviento, el tiempo de que nos prepara inmediatamente para la Navidad. Escuchamos con mucha atención la Palabra del Señor.

Evangelio según San Marcos

Estando ya en Jerusalén, dijo Jesús en privado a unos discípulos suyos: “Cuidado, permanezca despiertos, porque no saben cuándo se cumplirá el último plazo. Sucederá como cuando un hombre se fue de viaje y dejó encargada a su casa al cuidado de sus sirvientes, señalando a cada uno su trabajo, y confiando la vigilancia al portero. Permanezcan, pues, en vela, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al oscurecer, o a la medianoche, al alba, o al amanecer. Que no llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: permanezcan en vela.

Palabra del Señor.

El Señor en el Evangelio de hoy nos invita a la vigilancia, a estar alerta. Ya los últimos domingos del Tiempo Ordinario había habido una insistencia en ese aspecto, ustedes recordarán que en el domingo hace veinte días se nos hablaba de la necesidad de velar, de estar listos, de estar preparados. Hoy hay un mensaje muy claro, que es el mensaje de que el Señor que viene a salvarnos, nos ha dado una responsabilidad grande, que es, la de hacer que las diferentes tareas que Él nos confía, las podamos cumplirlas de verdad, para que este mundo en el cual vivimos, sea un mundo mejor.

El Adviento nos abre a una perspectiva de esperanza, es fundamentalmente el tiempo de esperanza; los cristianos somos hijos de esperanza, porque sencillamente nosotros sabemos que la historia de la humanidad, no es una historia sin sentido, no es simplemente el fruto del azar, del caso, de lo que sea. No, es una historia de amor, de misericordia, de bondad, que el Señor va realizando poco a poco a través de los años, a través de los siglos; esa historia, es la historia del inmenso amor de Dios por nosotros, que se concreta en el nacimiento, luego muerte y resurrección de Cristo Nuestro Señor.

En el tiempo de la Navidad, se nos invita por lo tanto a que levantemos la cara, que levantemos nuestro corazón hacia ese Dios que viene a salvarnos, hacia ese Señor Jesucristo que nace en un pesebre por nosotros, para que nosotros podamos verdaderamente ser hijos de Dios, recibiendo el amor y la misericordia que Él nos ofrece.

Tiempo de esperanza, a veces nosotros perdemos la esperanza y porqué la perdemos, porque tal vez como que nos metemos demasiado en el presente; las angustias, la dificultades, los problemas, las incertidumbres del presente y no tenemos suficientemente en cuenta, que nuestra vida tiene una meta que hay que ir seguir caminando hacia adelante.

Ustedes recordarán que el lema de la visita del Santo Padre fue: “Demos el primer paso” y luego el Papa nos dijo: “No nos quedaremos parados, hay que seguir caminando”. Nuestra vida es un caminar, un caminar hacia Dios y mientras caminamos hacia Dios, vamos cumpliendo la tarea que el Señor nos ha encomendado: diversidad de tareas; cada uno de nosotros tiene un puesto diferente en Iglesia, un puesto diferente en la sociedad, diversidad enorme de tareas. Pero lo importante, es que cada uno allí donde esté, allí en el oficio que le corresponde, en el lugar que le compete dentro de la sociedad, dentro de la Iglesia cumpla de verdad su tarea y que éste siempre cumpliéndola, de tal manera que cada minuto de su existencia, tenga esa plenitud de sentido: “Estoy hoy en este momento haciendo lo que me corresponde hacer”. Y de esa manera, entonces vamos a contribuir todos a que en el mundo haya un poquito más de esperanza; esa esperanza que nos empuja a seguir adelante, a vencer las dificultades, a luchar contra todo aquello que parece impedirnos caminar. Especialmente, tenemos que luchar por la fraternidad y por la solidaridad. Vivamos intensamente este Adviento es muy corto, son apenas cuatro semanas, muy corto, pero vivamos intensamente como preparación a la fiesta de la Navidad.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.