Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Buenas Noticias - Boletín Parroquial

November 09 de 2014 y November 16 de 2014

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

EDITORIAL

No tengas miedo de Dios dice el Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El don del temor de Dios, del cual hablamos hoy, concluye la serie de los siete dones del Espíritu Santo. No significa tener miedo de Dios: sabemos bien que Dios es Padre, y que nos ama y quiere nuestra salvación, y siempre perdona, siempre; por lo cual no hay motivo para tener miedo de Él. El temor de Dios, en cambio, es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos quiere mucho. Cuando el Espíritu Santo entra en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, y nos lleva a sentirnos tal como somos, es decir, pequeños, con esa actitud — tan recomendada por Jesús en el Evangelio — de quien pone todas sus preocupaciones y sus expectativas en Dios y se siente envuelto y sostenido por su calor y su protección, precisamente como un niño con su papá. Esto hace el Espíritu Santo en nuestro corazón: nos hace sentir como niños en los brazos de nuestro papá. En este sentido, entonces, comprendemos bien cómo el temor de Dios adquiere en nosotros la forma de la docilidad, del reconocimiento y de la alabanza, llenando nuestro corazón de esperanza. Muchas veces, en efecto, no logramos captar el designio de Dios, y nos damos cuenta de que no somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos la felicidad y la vida eterna. Sin embargo, es precisamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza donde el Espíritu nos conforta y nos hace percibir que la única cosa importante es dejarnos conducir por Jesús a los brazos de su Padre.

He aquí por qué tenemos tanta necesidad de este don del Espíritu Santo. El temor de Dios nos hace tomar conciencia de que todo viene de la gracia y que nuestra verdadera fuerza está únicamente en seguir al Señor Jesús y en dejar que el Padre pueda derramar sobre nosotros su bondad y su misericordia. Abrir el corazón, para que la bondad y la misericordia de Dios vengan a nosotros. Esto hace el Espíritu Santo con el don del temor de Dios: abre los corazones. Corazón abierto a fin de que el perdón, la misericordia, la bondad, la caricia del Padre vengan a nosotros, porque nosotros somos hijos infinitamente amados. Cuando estamos invadidos por el temor de Dios, entonces estamos predispuestos a seguir al Señor con humildad, docilidad y obediencia. Esto, sin embargo, no con actitud resignada y pasiva, incluso quejumbrosa, sino con el estupor y la alegría de un hijo que se ve servido y amado por el Padre. El temor de Dios, por lo tanto, no hace de nosotros cristianos tímidos, sumisos, sino que genera en nosotros valentía y fuerza. Es un don que hace de nosotros cristianos convencidos, entusiastas, que no permanecen sometidos al Señor por miedo, sino porque son movidos y conquistados por su amor. Ser conquistados por el amor de Dios. Y esto es algo hermoso. Dejarnos conquistar por este amor de papá, que nos quiere mucho, nos ama con todo su corazón.

Pero, atención, porque el don de Dios, el don del temor de Dios es también una «alarma» ante la pertinacia en el pecado. Cuando una persona vive en el mal, cuando blasfema contra Dios, cuando explota a los demás, cuando los tiraniza, cuando vive sólo para el dinero, para la vanidad, o el poder, o el orgullo, entonces el santo temor de Dios nos pone en alerta: ¡atención! Con todo este poder, con todo este dinero, con todo tu orgullo, con toda tu vanidad, no serás feliz. Nadie puede llevar consigo al más allá ni el dinero, ni el poder, ni la vanidad, ni el orgullo. ¡Nada! Sólo podemos llevar el amor que Dios Padre nos da, las caricias de Dios, aceptadas y recibidas por nosotros con amor. Y podemos llevar lo que hemos hecho por los demás. Atención en no poner la esperanza en el dinero, en el orgullo, en el poder, en la vanidad, porque todo esto no puede prometernos nada bueno. Pienso, por ejemplo, en las personas que tienen responsabilidad sobre otros y se dejan corromper. ¿Pensáis que una persona corrupta será feliz en el más allá? No, todo el fruto de su corrupción corrompió su corazón y será difícil ir al Señor. Pienso en quienes viven de la trata de personas y del trabajo esclavo. ¿Pensáis que esta gente que trafica personas, que explota a las personas con el trabajo esclavo tiene en el corazón el amor de Dios? No, no tienen temor de Dios y no son felices. No lo son. Pienso en quienes fabrican armas para fomentar las guerras; pero pensad qué oficio es éste. Estoy seguro de que si hago ahora la pregunta: ¿cuántos de vosotros sois fabricantes de armas? Ninguno, ninguno. Estos fabricantes de armas no vienen a escuchar la Palabra de Dios. Estos fabrican la muerte, son mercaderes de muerte y producen mercancía de muerte. Que el temor de Dios les haga comprender que un día todo acaba y que deberán rendir cuentas a Dios.

Queridos amigos, el Salmo 34 nos hace rezar así: «El afligido invocó al Señor, Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege» (vv. 7-8). Pidamos al Señor la gracia de unir nuestra voz a la de los pobres, para acoger el don del temor de Dios y poder reconocernos, juntamente con ellos, revestidos de la misericordia y del amor de Dios, que es nuestro Padre, nuestro papá. Que así sea.

Decálogo de la Educación de los hijos

La prioridad de un padre de familia, más que darles a los hijos lo necesario – ni más ni menos - para que tengan o lleven una vida digna, es formarlos o educarlos para la vida, es darles sólidos fundamentos para que sean personas de bien, ofrecerles herramientas para que sean felices en definitiva. La mejor herencia que un padre de familia puede dejar a sus hijos en este mundo grosero es la buena educación. La educación de los hijos podríamos centrarla en tres puntos: • Educación de la conciencia: para que desde niños sepan distinguir lo bueno de lo malo. • Educación del carácter: para que fortalezcan su voluntad y sepan rechazar lo malo aunque sea apetecible o aparentemente inocuo. • Educación del corazón con sentido de trascendencia: para que aprecien los valores y rechacen los antivalores. Recordar que los niños observan el comportamiento de los padres. Más que educar con palabras, hay que educar con el ejemplo. Que los padres refuercen lo que dicen con lo que hacen.

Parte de ésta misión se logra, entre otros, con los siguientes puntos. 1.- Fomentar en los niños su responsabilidad dándoles pequeñas misiones y/o tareas. Que conozcan el valor del sacrificio. Les enseñará lo mucho que pueden aportar y les hará ver que son responsables de sus actos, mas no de lo que ocurre en su entorno. 2.- Servir de ejemplo ante las circunstancias adversas para que los niños vean cómo se superan correctamente. Es importante que los padres les transmitan una forma constructiva de reaccionar y mantener el control ante el estrés. 3.- Ayudarles a encontrar sus fortalezas. El poder desarrollarlas es la base de la fuerza personal de cada uno. Ayudarles a creer en sí mismos y a tener una sana autoestima.

4.- Que los niños vean los problemas como retos a resolver y no como amenazas; y que aprendan tanto a prevenirlos, gestionarlos, como sacar de ellos una lección de vida. Ayudarles a los niños a buscar las cosas buenas de cada día. Hacerles saber que no están solos, es decir hay que darles a los niños apoyo emocional. 5.- Permitir que los niños encaren sus problemas pues “rescatarles” de estas pequeñas circunstancias difíciles no les permite aprender estrategias para afrontar y resolver sus problemas presentes y futuros. Hacerles ver que son responsables de sus vidas. 6.- Dejar que gradualmente vayan tomando decisiones. Irán aprendiendo de la experiencia para el futuro.

7.- Padre de familia: No pretenda ser como su hijo, no se infantilice o juvenilice, él necesita sentir que está guiado por adultos serios y maduros. 8.- Crear un clima de comunicación donde el niño se sienta cómodo. Que los niños tengan la confianza para contar sus cosas, que no tengan miedo de la reacción de sus padres. 9.-Hacerles saber que sus hijos tienen deberes con la sociedad, y si ellos no entienden la palabra "sociedad", por ser algo abstracta, hacerles saber entonces que tiene deberes con personas concretas. 10.- Establecer límites y disciplina. Los niños tienen que saber lo que ocurre si no hacen lo que se les pide. El castigo, que debe ser proporcional y compatible con la edad del niño, se debe siempre cumplir. El castigo nunca ha ser violento ni en palabras ni en acciones y debe mirar a la corrección. Las normas deben ser coherentes y claras e ir acompañadas de explicaciones lógicas.

EL EVANGELIO DEL DOMINGO EN CASA

AVISOS DE NUESTRA PARROQUIA

Hoy es el domingo III la preparación a la Navidad con los nueve domingos en la celebraciones Eucarísticas, los invitamos a abrir el corazón para recibir a Jesús.

Se invita a todas las parejas que celebran su aniversario en el mes de Noviembre, a la Eucaristia de Acción de Gracias por otro año de bendición. Sábado 22 de noviembre a las 5:00pm

Visite el Rincón de Schoenstatt en nuestra web: www.maximilianokolbe.com

Cambio de teléfono del Despacho Parroquia: 6330415

NUEVO TEMPLO

Su Párroco Daniel Saldarriaga Molina, agradece a la Comunidad de San Maxilimiano Kolbe la gran colaboración al fondo de ahorro para la construcción del Nuevo Templo.

Si quiere apoyar la obra del templo, puede consignar su ayuda en las cuentas:

Gracias por apoyar la obra del templo, puedes consignar tu donación en las siguientes cuentas: o a nombre de la Parroquia San Maximiliano Kolbe.

BBVA: Cuenta de ahorro 540116134

Davivienda: Cuenta de ahorro 480900003256

El recibo de la consignación lo puede llevar al despacho parroquial o en la alcancía del Templo para llevar el control de estas ayudas. "Dios que ve en lo escondido, los recompensará"


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