Parroquia San Maximiliano Kolbe - Bogotá

Buenas Noticias - Boletín Parroquial

June 29 de 2014 y July 06 de 2014

Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo

EDITORIAL

Homilía del Santo Padre Francisco

Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo. Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia.

Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma? 1. Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt, 16,16), una confesión que no viene de él, sino del Padre Celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (v. 18). El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su xxxxx en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo: “¡Lejos de ti tal cosa, Señor!”» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo» (v. 23). Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.

2. Confirmar en el amor. En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de San Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tm 4,7). ¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras. Y no solo el Obispo de Roma: todos vosotros, nuevos arzobispos y obispos, tenéis la misma tarea: dejarse consumir por el Evangelio, hacerse todo para todos. El cometido de no escatimar, de salir de sí para servir al santo pueblo fiel de Dios. 3. Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» (Lumen gentium, 18). Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad. El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (ibíd. 19). Confirmar en la unidad: el Sínodo de los Obispos, en armonía con el primado. Hemos de ir por este camino de la sinodalidad, crecer en armonía con el servicio del primado. Y el Concilio prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios» (ibíd. 22). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas (componentes) se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: no hay otra vía católica para unirnos. Este es el espíritu católico, el espíritu cristiano: unirse en las diferencias. Este es el camino de Jesús. El palio, siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, con el Sínodo de los Obispos, supone también para cada uno de vosotros el compromiso de ser instrumentos de comunión. Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la Santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros.Amén.

¿Qué es el Óbolo de San Pedro?

Es la contribución a las obras de caridad que realiza el Papa en todo el mundo y para el mantenimiento de la Santa Sede. • Es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia Universal. • Se realiza de manera anual. • La Jornada de la Caridad del Papa: Es un gesto que no solo tiene valor práctico, sino también una gran fuerza simbólica, como signo de comunicación con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos; y por eso nuestro servicio posee un valor muy eclesial.

El Óbolo ofrece colaborar con la caridad del Papa: El 29 de junio, día de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo (o en otro día cercano indicado por el Obispo) se celebra la Jornada de la Caridad del Papa. Cada católico es invitado a colaborar con las obras de ayuda del Santo Padre a favor de los más pobres. Con este motivo, las diócesis destinan la colecta de la misa del día indicando que se destinarán para las obras de caridad del Santo Padre. Esto es lo que se llama el Óbolo de San Pedro.

¿A dónde se destina el dinero recaudado? Los donativos de los fieles al Santo Padre se emplean en: • Obras misioneras. • A favor de los pobres. • Niños. • Ancianos. • Marginados • Víctimas de guerra. • Desastres naturales. • Educación católica. • Ayuda a los prófugos. • Migrantes. Actividades ecuménicas e interreligiosas • Las necesidades materiales de Diócesis pobres e Institutos religiosos. • Sostener las actividades de la Santa Sede. Promoción y sostenimiento de acciones de comunicación social

Origen del Óbolo La Colecta del Óbolo de San Pedro se originó en Inglaterra en el siglo VIII. Al principio, en Inglaterra, el Óbolo se estableció como un impuesto de un centavo sobre los propietarios de tierras de cierto valor.

Era conocido en el mundo anglosajón con el nombre de “Romscot”. Según una tradición, el Óbolo de San Pedro lo recogió por primera vez el rey Offa de Mercia, quien confirmó el regalo a los legados papales en el Sínodo de Chelsea (787)

¿Es obligatorio colaborar? Contribución a la Iglesia: Jesús enseña con sus palabras y acciones el deber de contribuir a la Iglesia. Cuando entraron a Cafarnaum, se acercaron a Pedro los que cobraban el dracma y le dijeron “¿No paga vuestro Maestro el dracma?” dice él “si” y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: “¿Qué te parece Simón? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?” Al contestar él “de los extraños”, Jesús le dijo “Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo y el primer pez que salga cógelo, ábrele la boca y encontrarás un dracma. Tómalo y dáselo por mí y por ti. (Mateo 17, 24-27).

Jesús enseña a cumplir con el requisito del tributo, sea para el Templo o sea el impuesto del gobierno. Al mismo tiempo enseña un ideal para sus discípulos. Los miembros de la Iglesia son hijos y no súbditos. A los hijos no se les requiere una cuota por que son de la casa. Pero eso no significa que los hijos no, al contrario. En la casa todos dan de corazón según la necesidad y las posibilidades de cada uno. Es la medida de Jesús: el amor. Él mismo se dio hasta morir en la cruz (Mateo 17, 24-27). Los buenos católicos dan a la Iglesia de corazón porque son miembros de la familia de fe. Contribuyen según sus posibilidades y la grandeza de su amor. Por eso en la Iglesia Católica no se exige un pago específico. Todo el mundo participa por igual en la Santa Misa. Dios juzgará la caridad de cada cual. Desde el principio, la Iglesia ha enseñado a ser ciudadanos responsables y respetuosos de la ley, aunque rechazando las costumbres que son incompatibles con la fe y la moral (Cf Romanos 13,5)

La Caridad de la Iglesia

En la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II leemos: “El pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad” (LG7). Es un tema de suma importancia, pues, como dice San Pablo, de estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad “la mayor es la caridad”. Jesús puso de relieve el carácter central del mandamiento de la caridad cuando lo llamó su mandamiento: “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado” (Juan 15,12). Y, más en particular, es el amor de Cristo en su manifestación suprema, la del sacrificio: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por los amigos” (Juan 15,13). Así, la Iglesia tiene la misión de testimoniar el amor de Cristo hacia los hombres, amor dispuesto al sacrificio. La caridad no es simplemente manifestación de solidaridad humana: es participación en el mismo amor divino. La caridad encendida por Cristo en el mundo es amor sin límites, universal. La Iglesia testimonia este amor que supera toda división entre personas, categorías sociales, pueblos y naciones. Reacciona contra los particularismos nacionales que desearían limitar la caridad a las fronteras de un pueblo. Con su amor, abierto a todos, la Iglesia muestra que el hombre está llamado por Cristo no solo a evitar toda hostilidad en el seno de su propio pueblo, sino también a estimar y a amar a los miembros de las demás naciones, e incluso a los pueblos mismos.

La caridad de Cristo supera también la diversidad de las clases sociales. No acepta el odio ni la lucha de clases. La Iglesia quiere la unión de todos en Cristo; trata de vivir y exhorta y enseña a vivir el amor evangélico, incluso hacia aquellos que algunos quisieran considerar enemigos. Poniendo en práctica el mandamiento del amor por Cristo, la Iglesia exige justicia social y, por consiguiente, justa participación de los bienes materiales en la sociedad y ayuda a los más pobres, a todos los desdichados. Pero al mismo tiempo predica y favorece la paz y la reconciliación en la sociedad.

La caridad de la Iglesia implica esencialmente una actitud de perdón, a imitación de la benevolencia de Cristo que, aún condenando el pecado, se comportó como “amigo de pecadores” (Cf. Mateo 11,19; Lucas 19,5-10) y no quiso condenarlos (Cf. Jn 8,11). De este modo, la Iglesia se esfuerza por reproducir en sí, y en el espíritu de sus hijos, la disposición generosa de Jesús, que perdonó y pidió al Padre que perdonara a los que lo habían llevado al suplicio (Cf. Lucas 23,34) Los cristianos saben que no pueden recurrir nunca a la venganza y que, según la respuesta de Jesús a Pedro, deben perdonar todas las ofensas, sin cansarse jamás (Cf. Mateo 18,22). Cada vez que recitan el Padre Nuestro reafirman su deseo de perdonar. El testimonio del perdón, dado y recomendado por la Iglesia, está ligado a la revelación de la misericordia divina: precisamente para asemejarse al Padre celeste, según la exhortación de Jesús (Cf. Lucas 6,36-38; Mateo 6,14-15; 18,33.35), los cristianos se inclinan a la indulgencia, a la comprensión y a la paz. Con esto no descuidan la justicia, que nunca se debe separar de la misericordia.

EL EVANGELIO DEL DOMINGO EN CASA

AVISOS DE NUESTRA PARROQUIA

Todos los domingos se celebran bautismos, información en el despacho parroquial.

No olviden apoyar al Santo Padre Francisco para ayudar a los mas necesitados del mundo con sus obras.

NUEVO TEMPLO

Su Párroco Daniel Saldarriaga Molina, agradece a la Comunidad de San Maxilimiano Kolbe la gran colaboración al fondo de ahorro para la construcción del Nuevo Templo.

Si quiere apoyar la obra del templo, puede consignar su ayuda en las cuentas:

Gracias por apoyar la obra del templo, puedes consignar tu donación en las siguientes cuentas: o a nombre de la Parroquia San Maximiliano Kolbe.

BBVA: Cuenta de ahorro 540116134

Davivienda: Cuenta de ahorro 480900003256

El recibo de la consignación lo puede llevar al despacho parroquial o en la alcancía del Templo para llevar el control de estas ayudas. "Dios que ve en lo escondido, los recompensará"


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